Metodologías de la Investigación

de la realidad a la ciencia mediante la razón

Las nuevas Ciencias Sociales: grietas en las murallas de las disciplinas – Mattei Dogan (UNESCO)

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Una doble distinción: la enseñanza por oposición a la investigación y la disciplina por oposición a la especialidad

En todas las universidades, la enseñanza, el nombramiento y las carreras de los docentes, el examen de su labor por colegas de igual categoría se ajustan a las fronteras diciplinarias. Las disciplinas desempeñan un importante papel en la transmisión del saber de una generación a otra, motivo por el cual se perpetuarán en las universidades. Por el mero hecho de existir oficialmente, una disciplina tiene muchos intereses profesionales que defender. Cada disciplina defiende celosamente su soberanía territorial. Algunos estudiosos creen todavía, como Augusto Comte hace mucho tiempo, que cada ciencia debe poseer su propia materia de estudio distintiva, opinión que se puede justificar desde una perspectiva pedagógica.

Ahora bien, en el frente de las investigaciones, las fronteras reconocidas de las disciplinas están cada vez más en entredicho, porque las disciplinas tradicionales ya no corresponden a la complejidad, las ramificaciones, la gran diversidad del esfuerzo que hoy día despliegan los científicos. En la investigación científica, el aumento de las especialidades fisura las disciplinas académicas, cuyos perfiles están convirtiéndose en artificiales y arbitrarios. Entre disciplinas vecinas hay espacios vacíos o terrenos inexplorados en los que puede penetrar la interacción entre especialidades y campos de investigación, por hibridación de ramas científicas. En paralelo a la distinción entre enseñanza e investigación discurre la distinción entre disciplina y especialidad. La mayoría de los sociólogos de la ciencia consideran pertinente la oposición entre disciplina y especialidad, como demuestran los ejemplos que a continuación expondremos.

Thomas Kuhn, tras haber creído que las disciplinas eran vectores de paradigmas, se decantó por las “matrices disciplinarias”, unidades menores que las disciplinas. No existen definiciones analíticas de especialidades y disciplinas.

“Ambas son agrupaciones laxas de científicos consagrados a problemas similares y que se identifican a sí mismos y son identificados por otros como personas que trabajan en la división menor, social y cognitivamente definida como especialidad y así denominada… Las especialidades son comparativamente pequeñas y fluidas, en tanto que las disciplinas son más estables y están más a menudo institucionalizadas en la estructura de las universidades y de las agrupaciones profesionales oficiales… Los miembros de las especialidades son conocidos por los demás o conocen mutuamente su labor, en mayor medida que las investigaciones efectuadas en su disciplina considerada en conjunto” (Zuckerman, 1988, pág. 561).Según Crane y Small, “racimos de áreas de investigación conexas constituyen especialidades a cuyos miembros une un mismo interés por un tipo concreto de fenómeno o método… A su vez, las disciplinas se componen de un racimo de especialidades” (Crane y Small, 1992, pág. 198). Analizando las relaciones entre especialidades dentro de las disciplinas y entre especialidades interdisciplinarias, los mismos autores disciernen dos tipos de disciplinas:

“Cabría esperar que las disciplinas restringidas, como la mayoría de las ciencias físicas, mostrasen un grado elevado de vinculación entre distintas áreas de investigación dentro de la disciplina, pero menos con otras disciplinas. Es probable que las ciencias no restringidas, como la mayoría de las ciencias sociales, mostrasen vínculos relativamente difusos entre las áreas de investigación tanto dentro como fuera de las disciplinas” (Ibíd., pág. 200).En el archipiélago de las ciencias sociales, hay, según la definición que adoptemos, de diez a quince disciplinas académicas, pero centenares de especialidades, sectores, campos, subcampos, intersticios y nichos. En sociología, por ejemplo, existen unas 50 especialidades, como indica la lista de comités de investigación de la Asociación Internacional de Sociología. En la Asociación Internacional de Ciencias Políticas hay otros tantos. La mayoría de estos grupos colaboran hasta cierto punto dentro de sus respectivas asociaciones traspasando las fronteras entre las disciplinas. Lo mismo sucede con la mayoría de las demás ciencias sociales, salvo la economía y la lingüística.

Algunos autores han llegado incluso a proponer un cambio de nombre: “Esta vieja etiqueta de ciencias políticas es una herencia del pasado… No se ajusta a la realidad… Sociología política sería la verdadera denominación de la disciplina de las ciencias políticas” (Favre, 1995, pág. 157). La sociología se enfrenta a ese mismo problema de identidad: “Las subespecialidades de la disciplina se han vuelto vulnerables a ataques o incluso a la anexión por parte de disciplinas adyacentes… La organización de la sociología se enfrenta a potentes fuerzas centrífugas, a veces desintegradoras” (Halliday, 1992, pág. 3). Las fuerzas centrífugas engendran especialidades en torno a disciplinas y entre éstas.

De las disciplinas tradicionales a la multiplicación de las especialidades

La división de la física en física y astronomía y la de la química en orgánica e inorgánica son ejemplos clásicos de fragmentación de las ciencias. En las ciencias sociales, lo que originalmente era el estudio del derecho se divide hoy día en derecho y ciencias políticas; la antropología se escindió en antropología material y antropología cultural; lo mismo hizo la geografía; la psicología se separó en varias ramas; la economía está profundamente dividida entre econometristas y teóricos. La escisiparidad, la división, similar a la de la ameba, de una disciplina en dos, es un proceso habitual de fragmentación (Dogan y Pahre, 1990, pág. 58).

La especialización es necesaria conforme una disciplina progresa y pasa de enfoques especulativos generales a estudios más empíricos y a la verificación de hipótesis. Ningún estudioso puede dominar toda la realidad empírica y el paso del nivel de la abstracción a lo concreto nos obliga naturalmente a limitarnos, a especializarnos. Las disciplinas se fragmentan además siguiendo imperativos epistemológicos, metodológicos, teóricos e ideológicos. Es probable que a quienes trabajan concretamente en una, las divisiones teóricas e ideológicas les parezcan más importantes que las de otra índole. Ralph Turner, con su experiencia de director de una impoortante publicación especializada, ha descrito del modo siguiente este proceso en la sociología:

“En los años treinta y cuarenta, todavía era realista aspirar a ser un sociólogo generalista. Existía una masa lo suficientemente compartida de nociones básicas y una cantidad lo bastante reducida de investigaciones acumuladas en la mayoría de los campos de la sociología como para que un estudioso pudiese efectuar aportaciones de importancia a varios de ellos y expresarse con autoridad sobre la disciplina en general. Es difícil imaginar el genio que hoy día sería menester poseer para hacer otro tanto” (Turner, 1990, pág. 34).Diversos autores han subrayado la importancia que para una fragmentación como las que describimos tiene el aumento del patrimonio propio de las disciplinas; éstas, conforme acumulan saber, se fragmentan; la mayoría de las partes resultantes pasan a ser patrimonio de subcampos determinados y unas pocas, las clásicas, se transmiten en la hagiografía de varias disciplinas académicas.

Según Randall Collins, cabe explicar la creciente especialización de la sociología por el crecimiento escalar del número de personas que la cultivan en los últimos decenios:

“¿Cómo darse a conocer ante el gigantesco aumento del número de competidores?… La materia de estudio se divide en varias especialidades… En vez de buscar reconocimiento en el terreno más general, se opta por un campo más reducido, en el que poder desplegar nuestras ideas y buscar aliados” (Collins, 1986, pág. 1340).Esta explicación es aplicable a la mayoría de las ciencias sociales. Por encima de las fronteras entre disciplinas se observa un proceso de “diferenciación sin integración”: los especialistas “rara vez conocen los nombres de los estudiosos eminentes si cultivan especialidades distintas de las suyas” (Collins, Ibíd).

Harriet Zuckerman ha resaltado en estos términos la importancia de las especialidades en la organización de las comunidades científicas:

“Abundan las pruebas de carácter histórico y sociológico de que las especialidades han sido públicos selectos de muchos cientificos: son los públicos explícitos y tácitos -los grupos de referencia- a los que dirigen su obra, del mismo modo que son las fuentes primordiales de obtener medios para esa obra y recompensas por ella” (Zuckerman, 1988, pág. 539).Como sucede en algunas catedrales, en las capillas se celebran más ceremonias que en la nave mayor.

Compartimentos estancos que aíslan las especialidades dentro de las disciplinas

Los patrones de citas aparecidas en las publicaciones especializadas de alto nivel permiten medir empíricamente la coherencia de una disciplina, las relaciones existentes entre las especialidades de una disciplina y las interferencias que se producen entre disciplinas. Vamos a empezar por examinar la comunicación entre especialidades. Si los especialistas de una determinada subdisciplina suelen citar la mayoría de las veces, o siempre, a especialistas de la misma subdisciplina, y si relativamente pocos autores citan mas allá de su subdisciplina, sucede que la disciplina académica de que se trate posee un bajo grado de coherencia interna. Podríamos compararla a compartimentos estancos o a contenedores transportados por grandes cargueros. En este caso, los verdaderos campos de investigación son las especialidades. Ahora bien, si en cambio un porcentaje significativo de autores se comportan como abejas que recogen polen en distintas flores, pasando por encima de las fronteras de las especialidades, la disciplina en conjunto aparece como un territorio más o menos integrado.

Para evaluar la coherencia de las disciplinas y la verdadera importancia de las especialidades podemos utilizar distintos índices de citas, concretamente las bibliografías de dos manuales recientes: el New Handbook of Political Science, 1996, dirigido por R. Goodin y H.D. Klingemann, y el Handbook of Sociology, 1988, dirigido por Neil Smelser.

En el New Handbook of Political Science se cita a 1631 autores en 3341 referencias; dos terceras partes de ellos (1063 ) sólo figuran una vez; 466 autores, el 28,6%, son citados de dos a cinco veces, la mayoría de ellos en la misma sección subdisciplinaria. Otros 66 son citados de seis a diez veces, y 34 autores aparecen más de diez veces.

La gran mayoría de los 568 autores citados por lo menos dos veces aparecen en la lista de referencias de sólo una sección subdisciplinaria del New Handbook: la inmensa mayoría de los científicos sociales son especialistas cuya labor está consagrada fundamentalmente a la subdisciplina que cultivan. Goodin y Klingemann denominan “integradores” a todos aquellos que figuran por lo menos una vez en cinco o más de las nueve partes subdisciplinarias del New Handbook: sólo 21 estudiosos cumplen este requisito. Los directores de la obra se preguntan además “en qué medida los autores más citados de cada subdisciplina aparecen también más frecuentemente en la bibliografía de la disciplina considerada en conjunto” (pág. 25). En ésta tienen entidad propia (es decir, se les cita por lo menos una vez en cinco de los nueve campos considerados) unos cuantos autores citados a propósito de política comparada y de economía política. A juicio de Goodin y Klingemann, estos dos campos están “bien integrados” porque, respectivamente, cuatro y tres de sus especialistas figuran asimismo en por lo mnos otras cuatro partes del New Handbook. Consideran “integrados” otros dos campos, la teoría política y la administración y política públicas, porque dos teóricos y tres especialistas de la administración pública también figuran en otras partes de la obra. Otros tres campos -las instituciones políticas, las relaciones internacionales y la metodología- “carecen en gran medida de integradores”. La disciplina mencionada en último lugar “está en lo esencial fuera y se desenvuelve con relativa independencia de la disciplina en sentido más lato” (pág. 26).

Es discutible que estos 21 autores basten para integrar una disciplina a la que se dedican miles de profesionales (más de 12.000 en los Estados Unidos y el Canadá, más de 5.000 en Europa occidental y central, más de 1.500 en el Japón, etc.), y que representan únicamente el 1,5% de los autores mencionados en el New Handbook. Goodin y Klingemann reconocen que sus mediciones son “inevitablemente imperfectas en varios sentidos” (pág. 23) y, si va a decir verdad, el retrato colectivo que dibujan corresponde a la imagen dada por una lente de aumento, y respecto de algunos campos incluso por un espejo distorsionador. Así, por ejemplo, en el terreno que mejor conozco, la política comparada, he observado -aunque aplaudo a los cuatro autores mencionados en esta subdisciplina- la ausencia de comparatistas que son citados asimismo con frecuencia en el Social Science Citation Index -el cual es un tesauro de autores mucho mayor-, por ejemplo Klaus von Beyme, Samuel Huntington y Richard Rose. Los directores del New Handbook creen que su lista de nombres y obras “pone de manifiesto con extraordinaria claridad las actuales prioridades intelectuales de la comunidad de los especialistas en ciencias políticas tomados en bloque” (pág. 24), afirmación un tanto exagerada. Al parecer, en el primer Handbook, aparecido en 1975 y dirigido por F.I. Greenstein y N.W. Polsby, la cantidad de “integradores” era diez veces mayor.

Como recalcan D. Crane y H. Small, “es probable que en el contenido de los manuales de las distintas disciplinas influyan más las ideas preconcebidas que acerca de la disciplina tengan quienes los dirigen que la amplitud y la índole de las investigaciones en curso” (Crane y Small, 1992, pág. 198). Evidentemente, Goodin y Klingemann, al dedicar capítulos enteros a la teoría de la elección racional y a la política pública, al privilegiar la filosofía política y las perspectivas feministas, tuvieron que pasar por alto o tratar insuficientemente otros aspectos de importancia, como la redistribución de la renta nacional, las convicciones políticas o las elites. Si hubiesen adoptado otro marco general en su compendio, la cohesión interna de éste habría mejorado y en las bibliografías habrían aparecido otros nombres de autores, al tiempo que otros más se habrían desvanecido. Podríamos dar muchos ejemplos, pero bastará con uno solo: la psicología política, durante mucho tiempo uno de los terrenos más productivos de las ciencias políticas, aparece reducida en el índice temático a tres tristes líneas. En cambio, ha ocupado un lugar más honorable en el antiguo Handbook of Social Psychology, 2a. ed., de G. Lindzey y E. Aronson, y en tratados más recientes. A propósito de este Handbook, un especialista en ciencias políticas ha dicho lo siguiente: “A sabiendas o no, cada especialista en ciencias políticas introduce presunciones sociopsicológicas en sus investigaciones”. Tras dar una serie de ejemplos, añade: “el hecho es que la psicología social es la osamenta misma de las ciencias políticas, el armazón de nuestras investigaciones más especializadas… Parece razonable pensar que el corpus de las ciencias políticas será tan sólido como lo sea su osamenta” (Merelman, 1977, pág. 1109). El New Handbook carece de esa osamenta.

La dirección de esta importante guía ha pedido a los colaboradores que tengan prioritariamente en cuenta los dos últimos decenios. Así pues, la estructura del New Handbook es claramente pertinente, exceptuando quizás el capítulo ‘Relaciones internacionales’ pues este tema es ya casi autónomo, al menos en la tocante a la investigacón y acaso también a la enseñanza. El ‘sistema estelar’ presentado en el capítulo de introducción no es convincente.

Lo mismo cabe decir del Handbook of Sociology, publicado en 1988 bajo la dirección de Neil Smelser. Esta obra consta de 22 capítulos redactados por 23 especialistas que citan a unos 3.000 autores, en su mayor parte una sola vez. La mayoría de los mencionados dos o más veces aparecen en el mismo capítulo, es decir, en la misma especialidad.

Se cita por lo menos diez veces a 79 autores, entre los que debemos distinguir dos variedades: en unos 15 casos se trata fundamentalmente de autocitas, que pueden corresponder simplemente a un fenómeno de especialización. Así, por ejemplo, Harriet Zuckerman, conocida especialista de la sociología de la ciencia, cita sus propias obras, con absoluta pertinencia, en 21 ocasiones; en cambio sólo la citan a ella otros cinco autores porque la sociología de la ciencia no es un campo muy frecuentado. Esta respetada investigadora es un ejemplo perfecto de especialización creativa. En otros casos, la autocita está embebida de vanidad.

La segunda variedad es la de los autores a los que se cita con frecuencia, pero esencialmente en un solo capítulo-especialidad. Hallamos especialidades casi por doquier. Si excluimos a cinco gigantes clásicos, sólo hay 25 autores citados diez o más veces en varios capítulos-especialidades (excluyendo asimismo las autocitas).

Señorean el Handbook cinco clásicos: Max Weber (78 citas), Talcott Parsons (69), Robert Merton (69), Emile Durkheim (50) y Karl Marx (49). Otras figuras prominentes son: Neil Smelser (26), Peter Blau (26), Jürgen Habermas (22), Erwing Goffman (21), Anthony Giddens (20), Pierre Bourdieu (17), Paul Lazarsfeld (15) y S.M. Lipset (15). Varias de las citas relativas a los cinco clásicos son meramente rituales (Szacki, 1982, pág. 360).

La mayoría de las 5.000 referencias aparecen sólo en uno de los 22 capítulos-especialidades. La mayor parte de los autores citados más de diez veces lo son fundamentalmente a propósito de una sola especialidad. Pocos atraviesan las fronteras de los capítulos-especialidades. Sólo 35 sociólogos mencionados con frecuencia circulan libremente a través de esas fronteras. Habida cuenta de esta compartimentación y del número relativamente escaso de mentores -algunos de los cuales son en realidad ancestros epónimos-, ¿podemos admitir que la sociología es una disciplina integrada?

El Handbook of Sociology, que se ha convertido ya en una obra de referencia clásica, está fragmentado en especialidades y carece de una estructura general; consiste en 22 capítulos encuadernados juntos. Su director, Neil Smelser, es consciente de esa heterogeneidad y, tras observar que Talcott Parsons había “exagerado la unidad interna de la disciplina”, que, “de aplicarse hoy día resultaría casi ridícula” (pág. 12), escribe: “no hay en la actualidad señales de un esfuerzo global por elaborar una síntesis teórica… y pocos motivos para creer que apunte en el horizonte un intento semejante”, a lo cual añade que “hemos ido demasiado lejos por el camino de la especialización y la diversificación”. La nave de la sociología ya ha sido construida con compartimentos estancos.

Si bien las lindes entre especialidades dentro de las disciplinas son herméticas, en cambio y paradójicamente, como veremos a continuación, las fronteras entre las disciplinas académicas están abiertas.

El solapamiento de ámbitos entre disciplinas en las publicaciones para especialistas

También podemos ver las relaciones entre las disciplinas si examinamos los patrones de citas de las publicaciones para especialistas y contamos el porcentaje de autores pertenecientes a una disciplina dada que citan artículos de otras disciplinas. Ese análisis de las notas a pie de página de las principales publicaciones periódicas pone de manifiesto el ‘trato comercial’ existente a través de las fronteras disciplinarias y los cambios que experimentan las ‘rutas comerciales’ a lo largo del tiempo. Jean Laponce ha investigado los patrones de citas entre ciencias políticas y otras ciencias sociales. En cuanto a la ‘balanza comercial’ de importaciones y exportaciones, las ciencias políticas han importado de la economía, la sociología y la psicología social, y han exportado esencialmente a la sociología. “Las ciencias políticas sostienen unas relaciones singulares”. La antropología ha importado de las ciencias políticas. La geografía “apenas comercia”. “Las ciencias políticas son una disciplina claramente periférica en cuanto a influencia, pero ocupan un lugar central en las rutas comerciales” (Laponce, 1980, pág. 419).

A lo largo del tiempo, las principales publicaciones periódicas de ciencias políticas (estadounidense, británica, francesa, canadiense e india, respectivamente) han tomando préstamos, en los años treinta del derecho; en los años cincuenta, de la sociología y el derecho; en los años setenta, de la sociología, la filosofía, la economía, la historia y la psicología (Ibíd., págs. 413 a 417).

A juicio de Craig Calhoun, “La sociología no es ni la más abierta ni la más insular de las ciencias sociales” (Calhoun, 1982, pág. 143). Según un estudio de D. Rigney y D. Barnes sobre los patrones de citas de 1936 a 1975, el 58% de las citas de los sociólogos se referían a artículos aparecidos en publicaciones periódicas de sociología; el 41% de las de los especialistas en ciencias políticas a colegas de su propia disciplina; el 51% de las de los antropólogos remitían asimismo a sus colegas; el 73% de las de los psicólogos y el 79% de las de los economistas. Estas cifras muestran que un porcentaje considerable de la comunicación establecida por cada una de las ciencias sociales ha tenido lugar con otras disciplinas y que, en el periodo considerado, la más abierta fue las ciencias políticas y la más autárquica la economía.

En un análisis de publicaciones periódicas de sociología y economía, D. Crane y D. Small han detectado un notable desplazamiento de la sociología a la “sociología interdisciplinaria” y de la economía a la “economía interdisciplinaria” de 1972 a 1987. El criterio seguido para afirmar la existencia de la “interdisciplinariedad” fue el porcentaje de citas de la publicación de la disciplina respectiva (Crane y Small, op. cit., págs. 204 y 205). Otro análisis de los mismos autores de sartas de referencias muestra un aumento claro de las relaciones interdisciplinarias.

Pero la pauta más importante de los doce años últimos no es tanto el paso de las fronteras entre las disciplinas por los patrones de citas como la multiplicación de nuevas publicaciones periódicas híbridas que tienden puentes entre disciplinas y entre especialidades. En el decenio último han aparecido más de 200 publicaciones periódicas híbridas en inglés y otras muchas en francés y alemán, la mayoría de las cuales son de circulación restringida y están dedicadas a subcampos muy especializados que conectan las ciencias sociales clásicas.

Es menester elaborar una nueva historia de las ciencias sociales contemporáneas en torno al proceso concreto de hibridación del saber.

La convergencia de las disciplinas asentadas en nuevos ámbitos

En la historia contemporánea de las ciencias sociales abundan los ejemplos de reestructuración de ámbitos de investigación, por ejemplo, los estudios acerca de las relaciones entre mujeres y hombres, el neomarxismo, los estudios de áreas o la ciencia neurológica del cerebro.

Uno de los nuevos ámbitos híbridos más notorios es el de los estudios sobre la mujer, cuya propagación ha sido espectacular. Se inició a principios de los años sesenta como movimiento social y ha llegado a ser una de las materias de estudio híbridas más difundidas, a la que se dedican investigadores de todas las ciencias sociales. Pues bien, no es normalmente un terreno híbrido institucionalizado, porque el debate entre quienes propugnaron un programa o departamento oficialmente establecido y quienes prefirieron modificar sus diciplinas originales desde el interior de éstas se resolvió en contra de la “segregación”. Hoy día, en las universidades estadounidenses y europeas se imparten todos los años miles de cursos de estudios sobre la mujer, lo cual ha creado una enorme Facultad híbrida invisible, ha producido centenares de libros en los últimos años y comunicaciones aparecidas en publicaciones periódicas híbridas. La noción de género ha influido en todas las ciencias sociales.

La economía política marxista es otro ejemplo de cómo lo que otrora fue una síntesis innovadora puede volverse estéril si deja de interactuar en las fronteras de otras disciplinas. Los marxistas innovadores han hallado inspiración en subdisciplinas que jamás imaginó Marx, y ése ha sido el impulso motor de los progresos del marxismo. La Escuela de Frankfurt, al emigrar a Nueva York y regresar a su lugar de origen, innovó orientándose en otra dirección. Negando la posibilidad de un marxismo positivista, sus miembros trataron de elaborar una “teoría crítica” de la sociedad. Casi todas sus figuras principales recurrieron a partes de alguna disciplinas establecida: Max Horkheimer (filosofía, sociología, psicología social), Theodor Adorno (filosofía, sociología, psicología, crítica cultural, musicología), Erich Fromm (psicoanálisis, psicología social), Franz Neumann y Otto Kirchheimer (ciencias políticas y derecho); otro tanto sucede con los miembros de la segunda generación, como Arkadij Gurland (economía, sociología), Jürgen Habermas (filosofía, sociología, filosofía lingüística y filosofia de la ciencia) y Claus Offe (ciencias políticas, sociología). Estos investigadores han evitado la esterilidad de otros muchos marxistas orientándose hacia subdisciplinas. Así, por ejemplo, Jon Elster, en su Making Sense of Marx (1985) ha tomado prestados conceptos y métodos de la filosofía, la economía, la historia, la sociología y las ciencias políticas. Estos autores han empleado, de distintos modos, un amplio abanico de terrenos de investigación para escapar a la esterilidad del marxismo tradicional (Dogan y Pahre, 1990 pág.73).

Otro buen ejemplo de hibridación es el campo relativamente nuevo de los “estudios de áreas”. La generación espontánea de especialistas en áreas ya nació híbrida. Los temas de sus investigaciones volvieron borrosas las fronteras entre disciplinas. Ellos y su sucesores limitaron su ámbito de estudio a países subdesarrollados no occidentales, a sociedades sin Estado, a lo que Joel S. Migdal llama “Estados débiles y sociedades fuertes”, esto es, al territorio predilecto de una antigua disciplina, la antropología, que había florecido en Europa occidental a finales del siglo pasado y principios de éste. Los antropólogos europeos habían descubierto esas sociedades “primitivas” mucho antes de que lo hicieran los especialistas estadounidenses en áreas.

Entre ambos hay una diferencia esencial: los antropólogos europeos eran investigadores de una sola disciplina poseedores de una identidad, un vocabulario y un marco teórico claros. Exportaban saber a todo el espectro de las ciencias sociales. Algunos abrigaban ambiciones imperialistas; proclamaban que la antropolgía era la ciencia matriz y creían que las demás disciplinas, incluidas las ciencias políticas y la sociología, eran meras provincias de la antropología.

Mas cuando empezaron a desintegrarse los imperios europeos, que abarcaban la mitad del planeta, esos antropólogos perdieron sus campos de investigación. La antropología se achicó. Los territorios abandonados quedaron en manos de especialistas en estudios de áreas, los cuales, a diferencia de sus antecesores, no se consagraron a una sola disciplina. Pocos de los nuevos invasores habían cursado estudios de antropología y la mayoría no eran ni teóricos ni expertos en metodología.

Esta evolución permitió a David Easton -que estaba ansioso de hacerlo- fundar un nuevo subcampo: la antropología política. En 1959 publicó un ensayo con ese título y retrospectivamente podemos decir que el recién nacido estaba enfermo y había aparecido en un momento en que la nueva potencia hegemónica tenía necesidad de especialistas no disciplinarios en esos nuevos países; no de expertos en antropología, disciplina que empezaba a ser superada por otras. Es significativo que por entonces a Margaret Mead, Alfred Kroeber y Clyde Kluckholm les inquietara el ver cómo su disciplina era “absorbida y aislada de la comunidad de los científicos e investigadores” (Mead, 1961, pág. 475). El terreno de investigaciones asentado de la antropología pasó del imperialismo a ser un “contraindicado almacén científico”(Ibíd., pág. 476).

Los estudios de áreas del Tercer Mundo se ocupan ante todo de temas que parecen importantes para entender un país concreto. “No respetan las fronteras entre las disciplinas” (Lambert, 1991, pág. 190). En ellos están bien representadas las humanidades. “Los especialistas en áreas que se dedican a las ciencias sociales es probable que tengan mucho más contacto y que compartan una actividad intelectual con las ciencias humanas que la mayoría de sus colegas de disciplina no orientados a un área” (Ibíd., pág. 192). Es en la intersección de la antropología, la historia, la literatura y las ciencias políticas donde “tiene lugar buena parte de la labor genuinamente interdisciplinaria de los estudios de áreas” (Ibíd.)

Describiendo el combate entre las disciplinas tradicionales y los estudios de áreas, que ha repercutido en la propia identidad de los investigadores, Lucian W. Pye (1975) escribe lo siguiente: “La aparición de la especialización por áreas ha cambiado las perspectivas y planteado interrogantes que tocan a los cimientos mismos de las ciencias sociales” (pág. 3). Los campos híbridos aparecidos en los intersticios de las disciplinas han alterado todavía más esos cimientos.

Otro ejemplo de hibridación por recombinación de especialidades es el ámbito de las neurociencias cuyo objeto de estudio es el cerebro:

“Actualmente estudian activamente el cerebro muchos investigadores que superan las fronteras tradicionales de las disciplinas científicas respaldadas por las instituciones académicas, y su estudio está siendo enriquecido por los préstamos técnicos y los injertos de conceptos que suceden naturalmente a medida que estas exploraciones avanzan. La descompartimentación propia de los estudios del sistema nervioso (hoy día, de pocos investigadores se puede decir que sólo son anatomistas, únicamente fisiólogos, o bien neuroquímicos en sentido estricto) se expresa mediante un neologismo, neurociencias, que da una buena idea de cómo las ciencias del cerebro recurren a múltiples disciplinas y permite aprehender el espectacular estallido de descubrimientos acerca de la estructura y el funcionamiento del sistema nervioso” (Imbert, 1988, pág. 97).El único retoque que habría que hacer a estas líneas es sustituir “múltiples disciplinas” por “múltiples especialidades”.

La hibridación de especialidades

Algunos estudiosos recomiendan un planteamiento interdisciplinario. Lo mismo que hay quienes parecen creer que es posible establecer categorías claras entre las ciencias sociales, otros muchos persisten en la búsqueda del santo grial de la “interdisciplinariedad”. Ahora bien, esa recomendación no es realista porque pasa por alto un fenómeno esencial de la historia de la ciencia, esto es, la especialización a través de un proceso de fragmentación. La fragmentación de cada disciplina deja lagunas entre las especialidades, que se suman a las que produce la división de las ciencias sociales en disciplinas establecidas. A veces, la hibridación tiende puentes sobre esas lagunas y a veces las colma totalmente (Dogan y Pahre, 1990, pág. 65).

Distintas disciplinas pueden partir de diferentes perspectivas para estudiar un mismo fenómeno, lo cual acarrea una división de territorios entre las disciplinas. La hibridación, en cambio, entraña un solapamiento de segmentos de disciplinas, la recombinación del saber en nuevos campos especializados. La innovación dentro de cada disciplina depende en gran medida de intercambios con otros campos pertenecientes a otras disciplinas. En los niveles superiores, la mayoría de los investigadores pertenecen a subdisciplinas híbridas. En caso contrario, pueden dedicarse a un campo o subcampo híbrido: el comportamiento de las masas (relacionado con la psicología social), la formación de las elites (relacionado con la sociología y la historia), la política urbana (con la geografía social), los Estados benefactores (con la economía social y la historia social), los valores (con la filosofía, la ética y la psicología social), las aptitudes para gobernar (con el derecho y la econo- mía), la pobreza en los países tropicales (con la agronomía, la climatología y la geografía económica), el desarrollo (con todas las ciencias sociales y varias ciencias naturales), etc. Una recombinación innovadora es una mezcla de fragmentos de ciencias.

Como en botánica, un híbrido es una combinación tal de dos ramas del saber que mejora la especie. Según Jean Piaget, una analogía más adecuada pueden ser las “recombinaciones genéticas” de la biología molecular, “más equilibradas y mejor adaptadas que los genotipos puros” (Piaget, 1970, pág. 524).

Cuando los antiguos campos de estudio ocupan más terreno, acumulan tales masas de materiales en su patrimonio que se fragmentan. Cada fragmento de la disciplina se enfrenta entonces a los fragmentos de otros campos por encima de las fronteras de las disciplinas, perdiendo contacto con sus hermanos de la antigua disciplina. Un sociólogo especializado en urbanización tiene menos en común con un sociólogo que estudie la formación de las elites que con un geógrafo que efectúe investigaciones sobre la distribución de las ciudades; el segundo sociólogo tiene más puntos de contacto con su colega economista que analiza la desigualdad de la renta que con el primer sociólogo; es mucho más probable que los psicólogos que estudian la evolución infantil se interesen por la fisiología del desarrollo o las obras de lingüística consagradas a la adquisición del lenguaje que por otras ramas de la psicología.

Un especialista en ciencias políticas que estudia la socialización política lee más obras sobre los agentes de la socialización (la familia, la iglesia, la escuela, la sociedad callejera, el pluralismo cultural, etc.) que acerca del Tribunal Supremo, los procesos legislativos, las direcciones de los partidos políticos o la contratación de los funcionarios superiores. Quienes se han especializado en el subcampo de los estudios sobre la seguridad en la época nuclear rara vez utilizarán obras sobre la socialización política o las relaciones laborales, y en cambio leerán las dedicadas a economía, psicología, estrategia militar, historia, matemáticas y física e ingeniería nucleares.

La mayoría de las especialidades y de los ámbitos híbridos tienen conciencia de sus raíces genealógicas: la economía política, la psicología social, la sociología política, la geografía social, la sociología histórica, la demografía genética, la psicolingüística, la antropología política, la ecología social, la biogeografía y otras muchas. El nombre de algunas ciencias híbridas no expresa su filiación: ciencias cognitivas, paleoarqueología. Siete ciencias sociales tienen además raíces en las ciencias naturales. A su vez, las especialidades híbridas se dividen y dan lugar, en la segunda generación, a un número aún mayor de híbridos.

Algunos híbridos llegan a ser institucionalizados como subcampo de una disciplina establecida. Otros siguen siendo programas interdisciplinarios laxos con intercambios regularizados entre especialistas de distintas disciplinas. Estos híbridos laxos son temas más que subcampos y así, por ejemplo, un economista a quien le interese el desarrollo es probable que sostenga muchos contactos con especialistas en ciencias políticas, historiadores o sociólogos que sientan la misma inclinación.

El estudio de acontecimientos capitales rara vez está institucionalizado, aun siendo híbrido. Entre quienes estudian la caída de la República de Weimar hay historiadores, sociólogos, psicólogos, especialistas en ciencias políticas, economistas y críticos literarios. Una labor que obtiene resultados satisfactorios estudia partes del panorama general, en la intersección de dos o más subcampos. La personalidad autoritaria de Theodore Adorno et al., recurre a la teoría de la personalidad, a la socialización y al estudio de la ideología política.

Habrá quien confunda recombinación con síntesis. Pues bien, una síntesis aporta una nueva interpretación, un logro personal o estilístico. La diferencia se ve con toda claridad en la historia. La teoría de la historia de Arnold J. Toynbee es una síntesis de excelente calidad; El Mediterráneo en la época de Felipe II de F. Braudel es una recombinación de segmentos de ciencias sociales, en gran medida de historia y geografía. Los linajes del Estado absolutista de Perry Anderson es en buena medida una síntesis, mientras que El despotismo oriental de Karl Wittfogel es sobre todo una recombinación. La recombinación necesita que se produzca un progreso científico en los campos a los que recurre, en tanto que puede haber síntesis sin ese progreso.

Conforme se desarrollan, las especialidades híbridas atraen a investigadores de especialidades próximas estancadas. Lemaine et al. observan que “los científicos que pasan a un nuevo campo suelen proceder de… terrenos de investigación la importancia de cuyos resultados actuales ha experimentado un declive acusado…” (1976, pág. 5). Los colegas a los que dejan atrás no progresan, mientras que los innovadores avanzan sin hacer caso de las fronteras que se les oponen.

Muchos campos que no interactúan fuera de la disciplina acaban por estancarse. El rendimiento de las investigaciones monodisciplinarias sobre una cuestión concreta va en disminución y llega un momento en el que hay que formular nuevas perspectivas. A causa de ello,

“las ideas que abren nuevos caminos dentro de una especialidad suelen proceder de ideas procedentes de otras especialidades o disciplinas y que remiten a algo, en vez de investigaciones limitadas estrictamente a la especialidad. Las especialidades que se quedan aisladas suelen agonizar si no se les infunde nuevas ideas desde fuera” (Turner, 1990, pág. 25).Un estudioso puede quedar fácilmente aislado en el centro de una disciplina.

Podemos ilustrar la hibridación del saber científico con centenares de ejemplos concretos. En investigaciones anteriores que he efectuado en colaboración con Robert Pahre, hemos dado, dejando de lado las “estrellas” gigantes, varias docenas de ejemplos (Ibíd., capítulos 6, 7 y 8). Véase a continuación una muestra mínima de ellos.

A los estudiosos les intrigan las lagunas que aparecen entre los distintos campos del saber. Como ejemplo entre muchos, Charles McIlwain se esforzó por aunar las ciencias políticas y la historia bajo los auspicios de la teoría política. De modo similar, Halford Mackinder afirmó que una de las mayores lagunas se encuentra entre las ciencias naturales y las ciencias sociales y que “el geógrafo tiene el deber de tender un puente sobre este abismo”. Lo construyó en su famosa teoría del centro, en la que estudió el papel desempeñado en la historia mundial por la zona geográfica central -el Asia central.

Al penetrar en esas lagunas, los investigadores híbridos descubren a menudo fenómenos que a otros se les habían simplemente escapado. Johann Bachofen, que era jurisconsulto, etnógrafo y especialista en clásicas, utilizó no sólo la etnografía sino también a los clásicos griegos y romanos. Aunque escribió fundamentalmente sobre historia del derecho y simbolismo, su obra Mutterrecht (“El Derecho materno”) tuvo gran influencia en la antropología social modeerna. John F. McLennan confirma lo que venimos diciendo: era un abogado escocés al que le llamaba la atención la frecuencia con que hallaba “símbolos” y “tótems”, supervivencias contemporáneas de formas anteriores de comportamiento sometido a leyes y usos y costumbres. Para explicar esas supervivencias, elaboró una teoría de la evolución cultural desde la poliandria arcaica a la poliandria fraternal y luego a la monogamia y la poligamia. Aunque es una teoría que ya no goza de aceptación, en el curso de sus investigaciones concibió dos nociones capitales, la exogamia y la endogamia. La hibridación fue un factor esencial del descubrimiento de categorías importantes de las instituciones sociales.

Muchos investigadores híbridos suelen estudiar fenómenos diferentes. Kurt Lewin, prominente psicólogo antes de la Segunda Guerra Mundial y durante ésta, estaba interesado en un amplio abanico de cuestiones relativas al comportamiento psicológico: el proceso cognoscitivo de aprendizaje y percepción, la motivación, las retribuciones interpersonales, la sanción, el conflicto y la influencia, la capacidad de dirección, el ambiente social, las normas de los grupos y los valores.

“Aunque sus intereses cambiaron y evolucionaron, se mantuvo adherido firmemente a un principio teórico esencial, el de que, para representar e interpretar fielmente la complejidad de las situaciones de la realidad concreta es menester traspasar continuamente las fronteras tradicionales de las ciencias sociales…” (Lippett, 1968, pág. 266).En cada subcampo hay un personaje similar. Ralph H. Brown fue un adelantado de la geografía histórica, que para él no consistía en las consecuencias de la geografía en la historia, sino que era la “geografía del pasado”. George Sarton, matemático, llegó a interesarse en la historia y la filosofía de la ciencia y dedicó su vida a tratar de establecerla como ámbito de investigación independiente.

Las recombinaciones son variadas. La evolución infantil comprende la psicología y la fisiología del desarrollo, la adquisición del lenguaje y la socialización. Los estudios indoeuropeos abarcan la lingüística histórica, la arqueología, la prehistoria y la botánica. Los criminólogos proceden del derecho, la sociología de la desviación, la psicología social, la endocrinología, los estudios urbanos, la economía social y la etnopolítica. El estudio de la inteligencia artificial comprende la lógica formal -que es parte de la filosofía-, la gramática y la sintaxis -que proceden de la lingüística- y la programación de ordenadores, que sale de la ciencia informática. Los estudios del folklore comprenden la lingüística histórica, la antropología cultural, la historia social y la literatura comparada.

Los híbridos pueden engendrar nuevos híbridos, sobre todo en las ciencias naturales, que han alcanzado grados de fragmentación e hibridación superiores a los de las ciencias sociales. Recientemente se ha establecido una fructífera alianza dentro de la fisiología entre la endocrinología y la neurofisiología: la neuroendocrinología. Estamos ante una hibridación de segunda generación.

En las ciencias sociales hay híbridos multigeneracionales. La fonética, que surgió como subcampo en forma del híbrido denominado fonética fisiológica, se ha desplazado hacia la fonética neurofisiológica, un híbrido de tercera generación. La antropología política puede evolucionar de modo similar conforme vayan siendo más patentes las insuficiencias del actual enfoque estructuralista. Algunos investigadores afirman que la importancia que el estructuralismo atribuye al comportamiento inconsciente ha dejado una laguna que puede llenar la teoría de juegos, la cual analiza el comportamiento deliberado de las personas que interactúan unas con otras.

La especialización no es estática; sigue el patrón de un flujo constante mientras los núcleos de los antiguos subcampos se consumen, de manera muy similar a los de las viejas estrellas, y a medida que investigadores situados en los márgenes crean nuevos centros de investigación que a su vez acaban por acumular masa (Dogan y Pahre, op. cit., pág. 75).

Una vez creados, los híbridos padecen los mismos problemas intrínsecos que su progenitores. Al cabo de cierto tiempo, pueden volverse estériles, y si no engendran una segunda generación de híbridos en el momento oportuno, concluirá su linaje. La teología, por ejemplo, fue durante mucho tiempo una disciplina estancada hasta que la resucitó una multitud de documentos y de conceptos y métodos que tomó prestados.

El crecimiento de las ciencias hace retroceder las fronteras y crea nuevas fronteras y nuevas lagunas entre los campos de estudio. En ocasiones, esas lagunas pueden coincidir con antiguas especialidades estancadas desde hace largo tiempo. Cuando los híbridos forman híbridos de segunda generación, no es raro que redescubran esos campos anteriores y que basen su avance en conclusiones anteriores.

Hay muchos ejemplos de acumulación cíclica de sedimentos en distintas direcciones y a diferentes niveles, cada uno de los cuales se suma a la labor de la corriente pasajera anterior. El subcampo de la fonética, por ejemplo, ha dado lugar a un curioso ciclo de corrientes pasajeras: mientras que la fonología acústica ya no despierta interés, la fonología fisiológica está una vez más en candelero, como antes de la Segunda Guerra Mundial. No es un círculo, sino una espiral, pues la nueva tendencia es más que fisiológica, es neurofisiológica. El punto a que ha llegado la especialización puede situar a un híbrido recurrente en un nuevo plano de comprensión, como ha sucedido con la economía política. Los especialistas actuales en economía política no se limitan a reproducir los estudios de generaciones anteriores (puede que desaprovechadas) de economistas políticos. La interpenetración de la economía y las ciencias políticas originó avances capitales en ambos campos y los analistas de hoy día entienden los fenómenos económicos y políticos mucho mejor que los de hace una generación (Frieden y Lake, 1987, pág. 4). Conocer la historia de la disciplina que cultivan puede ayudar a los investigadores a evitar rehacer lo ya llevado a cabo, y los que pueden aprovechar corpus anteriores transforman las corrientess, haciendo que en lugar de ser enojosas repeticiones sean una faceta del avance de los patrimonios.

El proceso de hibridación se manifiesta claramente en la pauta de galardonados con el premio Nobel hoy día. La química clásica ya no es un ámbito de investigación, al haberla sustituido el nuevo campo híbrido de la bioquímica, en plena expansión en los dos decenios últimos. Muchos premios otorgados en el periodo reciente han recaído en especialistas de la ingeniería genética que trabajan en los intersticios de varias ciencias clásicas. La tierra de nadie existente entre la medicina y la química orgánica atrae a los científicos dotados de más imaginación.

Hay muchas combinaciones de subcampos no representadas oficialmente en el marco general del Nobel. Las más fértiles de estas subdisciplinas híbridas son la biofísica, la bioquímica, la física matemática, la biofísica cuántica, la neurofisiología, la fisiología neuroquímica, etc. Una de las más importantes, la biología molecular, es un buen ejemplo de este proceso, pues sus orígenes están en la física, la medicina, la microbiología y la cristalografía. Aunque no se reconoce oficialmente que pertenecen a estos híbridos, los científicos que investigan en esos intersticios suelen ser los ganadores de premios en los ya clásicos campos de la “biología”, la “química” o la “medicina”. De hecho, los grandes cambios habidos hacen que vaya en aumento la convicción de que la división por categorías de los premios Nobel es cada vez más anticuada y ya no corresponde a los contornos contemporáneos de los campos científicos. A excepción de la economía, las ciencias sociales no pueden optar a los premios Nobel, ni siquiera los subcampos “duros” de la psicología o la lingüística. Sería sumamente difícil otorgar el premio en las disciplinas profundamente divididas de la historia, la antropología, la sociología o las ciencias políticas porque en las ciencias sociales no hay grandes perturbaciones paradigmáticas.

A los bibliotecarios les es difícil clasificar las obras interdisciplinarias, y por minuciosos que sean en sus clasificaciones, al final deben acabar por asignarles arbitrariamente una signatura. Aunque un libro puede aparecer en varios lugares de un catálogo de fichas (o informatizado), sólo puede estar en un anaquel al mismo tiempo. Una obra determinada acabará, por consiguiente, dividida entre sociólogos, antropólogos o historiadores. Demos un ejemplo: un investigador de la elección entre estrategias revolucionarias y reformistas en el Partido Democrático Social Alemán (bajo los distintos nombres que ha tenido) lee obras que tratan de historia intelectual, teoría política, política alemana, partidos políticos, sindicatos y política económica. Una vez concluida, su investigación podría ser considerada parte de varios de esos subcampos. La traducción al inglés de la Historia de la Democracia Social Alemana (1983) de Miller y Potthoff aparece clasificada en el programa de catalogación de publicaciones de la Biblioteca del Congreso de los EE.UU. en el apartado “Historia-Socialismo-Alemania” y en el de la Biblioteca Británica bajo “Sozialdemokratische Partei Deutschlands”, con otra signatura en la sección de ciencias políticas (Dogan y Pahre, 1990, pág. 71). Naturalmente, ambas clasificaciones son “correctas”. Estos problemas de clasificación se deben a la hibridación y los bibliotecarios ocupan posiciones estratégicas desde las que son testigos del fenómeno, que a algunos científicos les cuesta reconocer con suficiente celeridad.

De estos ejemplos personales y colectivos de científicos híbridos podemos extraer algunas generalizaciones sociológicas.

La difusión de conceptos, métodos y teorías en las ciencias sociales

El proceso de hibridación consiste en primer lugar en el préstamo en ambas direcciones de conceptos, métodos y teorías.

La difusión de conceptos. Numerosos especialistas han denunciado la difusión conceptual y la polisemia de términos empleados en diversas disciplinas, problema semántico que origina el paso de los conceptos de una disciplina a otra. Los conceptos tomados en préstamo deben ser adaptados al contexto de la nueva disciplina, porque un concepto no es sólo una palabra, sino también una noción o idea. Según un estudio reciente de más de 400 conceptos empleados en las ciencias sociales, entre ellos hay pocos neologismos, hecho que se explica porque la mayoría son conceptos tomados en préstamo en lugar de haber sido creados exprofeso.

Podemos pasar por alto la etimología de los conceptos para recalcar cómo los préstamos fertilizan la imaginación: la palabra rol procede del teatro, pro Max Weber le dio un significado sociológico y, de la sociologia, el concepto se difundió por doquier. La palabra revolución fue empleada en astronomía en 1390, antes de Copérnico, pero fue aplicada por primera vez a la política en 1600 y después por Luis XIV. Los historiadores la adoptaron y los sociólogos la articularon antes de regalarla al análisis político. El patrimonio de cada ciencia social está repleto de conceptos tomados en préstamo, que son híbridos en el sentido de que fueron ideados en una disciplina y replantados mañosamente en otra. A partir de la International Encyclopaedia of the Social Sciences y los índices analíticos de algunos libros importantes, he compilado un inventario de mas de 200 conceptos “importados” a las ciencias políticas, muchos de los cuales han cambiado de sentido semántico en el curso de su adopción y adaptación.

Muchos conceptos tienen orígenes múltiples. El autoritarismo posee dos raíces, una psicológica y otra ideológica. A menudo se lo confunde por negligencia con el despotismo, la autocracia, el absolutimo, la dictadura, etc. La autoridad ha sido analizada desde distintas perspectivas disciplinarias por Malinowski, Weber, Parsons, Lasswell, Kaplan, B. de Jouvenel y C.J. Friedrich, entre otros. El concepto de cultura (cívica, política, nacional) tiene muchas variantes -p.ej., la convergencia cultural, la configuración cultural, la evolución cultural, la integración cultural, el desfase cultural, el paralelismo cultural, el pluralismo cultural, la relatividad cultural, el sistema cultural, la cultura postmaterialista.

Max Weber y Karl Marx, ambos estudiosos híbridos, fueron los más prolíficos generadores de conceptos, a los que sólo podemos comparar la figura de Aristóteles. Almond y Parsons también engendraron una cantidad impresionante de conceptos. A menudo, los conceptos son semillas de teorías: la estructura engendra el estructuralismo, el sistema se convierte en la sistémica, el capital genera el capitalismo, etc.

Los métodos de préstamo. Debemos distinguir entre el razonamiento científico (conforme a la tradición de J.S. Mill, Emile Durkheim o Hubert Bablock), la estrategia de investigación, la metodología de las investigaciones y la capacidad tecnológica. En los cuatro casos, se trata de operaciones interdisciplinarias. La sociología y las ciencias políticas rara vez efectúan importaciones directas de la lógica, las matemáticas o la estadística. Normalmente, hallan un intermediario en determinados sectores de la psicología o la economía, que han desempeñado un papel crucial en su enriquecimiento metodológico. La demostración tabular, la presentación gráfica, la recapitulación, las mediciones de varias variables, las proporciones, los índices, la distribución de muestreo, la inferencia estadística, la distribución binomial, la regresión múltiple, la correlación lineal, la contingencia, el análisis factorial, etc., son métodos ninguno de los cuales ha sido ideado por sociólogos o especialistas en ciencias políticas. Todos han sido importados y algunos, tras haber sido objeto de alguna mejora, han sido exportados en modalidades perfeccionadas.

Un número considerable de sociólogos y especialitas en ciencias políticas dominan el método de escalamiento elaborado por los psicólogos, el análisis de propagación importado de la biología a través de la economía, la medición de varias variables que emplean los economistas y las relaciones estructurales lineales ideadas por el estadístico Joreskog. En la abundante metodología del American Soldier han colaborado, bajo la dirección de Samuel Stouffer, representantes de diversas disciplinas.

Hasta cierto punto, la introducción de las matemáticas y la estadística en las ciencias sociales ha sido valiosa, no sólo por sus propias aportaciones, sino también como cabeza de puente a otros préstamos. La adopción de esos métodos y modelos matemáticos ha producido varios dividendos: el rigor necesario para elaborar modelos, por ejemplo, también ha sido valiosísimo para elaborar argumentos lógicos, e incluso para trabajos que renuncian a una presentación matemática.

Como no es obligado obtener una licencia para seguir un método o una técnica de investigación, la importación se ha efectuado en ocasiones sin discernimiento. Lo que hace falta es sentido común al aplicar el método a un nuevo campo. Demasiados especialistas en ciencias sociales confunden el razonamiento científico con la estrategia de investigación y el instrumental tecnológico. Hoy día, la principal fuente de disputas entre los sociólogos y los especialistas en ciencias políticas no es, como muchos creen, la ideología, sino la metodología importada.

La adopción de métodos y técnicas estadísticos no es siempre beneficiosa. Muchos científicos sociales que utilizan métodos cuantitativos amplían las frontreas del saber. A otros, en cambio, les mueve principalmente su interés por la técnica, en lugar de por el fondo de la cuestión. Suelen elaborar modelos inverificables, cuantifican más de la cuenta y se exceden concibiendo modelos. A menudo se dedican a analizar cuestiones de escasa entidad, gastando mucho talento y mucha energía en mejorar un coeficiente de correlación o en rizar el rizoo a base de análisis factoriales. Son productivos -toda aportación al ordenador dará lugar a un resultado mecánico-, pero sus trabajos apenas aparecen en publicaciones periódicas respetadas porque la mayoría se caracterizan por un desagradable contraste entre unas técnicas de análisis complejisimas y una escasa imaginación en el plan de la investigación, o por datos cuyo interés no justifica las potentes técnicas empleadas (Dogan, 1994).

Las teorías interdisciplinarias. Abundan los ejemplos de fertilización cruzada teórica. La obra más citada de teoría de los grupos de interés, The Government Process de David B. Truman (1951), se basa en gran medida en las teorias sociológicas de los grupos. El ataque de Mancur Olson contra la teoría tradicional de los grupos de interés, The Logic of Collective Action (1965), se fundó en la economía. Entre tanto, los sociólogos y los economistas han tomados en préstamo conceptos de teorías sobre los grupos de interés elaboradas por especialistas en ciencias políticas. Las teorías de disciplinas hermanas se han enfrentado a menudo entre sí en el terreno de las ciencias políticas. “El análisis de las decisiones racionales” es un buen ejemplo de ello. Sólo se desacredita una teoría sustituyéndola por otra, normalmente con ayuda de teorías procedentes de fuera de la disciplina de que se trate.

Los teóricos de los sistemas sociales han empleado con frecuencia vastas analogías con los sistemas biológicos; la biología fue la primera en elaborar el concepto de “sistema” como manera de organizar la vida y de los sistemas orgánicos como fenómenos no reducibles a sus elementos químicos. Algunos funcionalistas estructurales han afirmado que los sistemas sociales son como sistemas biológicos porque se autorregulan y son homeostáticos. La obra reciente de Gordon Tullock sobre la economía de las sociedades no humanas trata de las hormigas, las termitas, las abejas, las ratas macho, las esponjas y los mohos del légamo. Estos teóricos observaron además que en todo sistema biológico se tienen que llevar a cabo determinadas funciones y aplicaron la analogía para preguntarse qué funciones eran vitales para los sistemas sociales. La teoría de los sistemas recurrió fundamentalmente a algunos sectores de la sociología. El origen de la teoría de la dependencia, que sedujo a tantos especialistas latinoamericanos, fue obra de un grupo de economistas, sociólogos y demógrafos en colaboración con estadísticos de las Naciones Unidas. Las teorías declinan, las viejas son superadas por otras nuevas. Hoy día, podemos leer con gran interés a docenas de filósosfos políticos y grandes teóricos del pasado y citarlos con placer, pero sólo un puñado de teorías abstractas formuladas antes de la Segunda Guerra Mundial siguen vivas. Las teorías sobreviven con más facilidad en la lingüística y la economía. Los ámbitos especializados necesitan orientaciones teóricas, pero una diciplina considerada en conjunto no puede tener una teoría universal y monopolista.

El proceso de hibridación no sólo se da en intercambios de conceptos, teorías y métodos entre las disciplinas y entre los subcampos. Es asimismo patente en los intercambios de informaciones, puntos esenciales, indicadores y datos estadísticos y en la práctica cotidiana de la investigación empírica. Este comercio arroja un superávit en unas disciplinas y un déficit en otras. La geografía social toma prestadas informaciones de la geografía física, la cual a su vez las toma de la geología, en vez de a la inversa. Las ciencias políticas han contraído una enorme deuda externa, porque la política no se puede explicar únicamente con la política. Los fenómenos políticos guardan relación con múltiples factores en los que la política se basa. Para explicar la política se emplean docenas de variables no políticas y ésta es una de las muchas razones de que la política esté inextricablemente unida a las demás ciencias sociales.

Conclusión

El proceso de mezcla de las ciencias sociales no es un fenómeno nuevo, pero en el pasado remoto era lento y ahora se propaga con rapidez. Hace ya 40 años, el rector de la Universidad de Chicago, en aquella época uno de los campus universitarios más audaces, se quejaba de la erosión de las fronteras entre las disciplinas: “es alarmante observar que la historia penetra en las humanidades, que la economía se convierte en matemáticas, que la antropología y la psicología se alían con la biología y que la geografía sostiene excelentes relaciones con las ciencias físicas (Kimpton, 1956, pág. 349). Pero el rector no hizo nada para poner fin a ese proceso. Los administradores de las universidades no pueden oponerse a la lógica del progreso científico. Unicamente pueden reconocer sin excesiva demora esa dinámica espontánea e institucionalizarla, como se hace hoy día en centenares de las instituciones más creativas del mundo.

Desde mediados del siglo XIX, la historia de la ciencia es, ante todo, una descripción de la multiplicación de subdisciplinas y de nuevas ramas del saber. Cualquier libro consagrado a la historia contemporánea de la ciencia demuestra cómo el camino real del progreso científico es la especialización híbrida. La mayoría de los especialistas no se asientan en el denominado núcleo de la disciplina, sino en anillos exteriores, en contacto con especialistas de otras disciplinas. Prestan y toman prestados conceptos y términos en las fronteras. Son investigadores híbridos. Disminuye velozmente el número de “generalistas”. Todo el mundo tiende a especializarse en uno o varios ámbitos de estudio. Cada vez hay menos generalistas y más especialistas, fenómeno que también se advierte en la medicina. Cuando dos investigadores se encuentran por primera vez, espontáneamente se preguntan mutuamente: “¿Cuál es su especialidad?” En los congresos, los investigadores se reúnen por especialidades. Los congresos a los que acuden multitudes de personas que poco tienen en común hacen gastar mucha energía que más valdría invertir en organizar reuniones por campos de interés con especialistas de varias disciplinas.

En un extremo están quienes se atrincheran tras las fronteras tradicionales de su disciplina, reduciendo su perspectiva y disminuyendo sus posibilidades de innovar. En el otro, los imitadores entusiastas. En algunos ámbitos, tomar conceptos en préstamo es con demasiada frecuencia cuestión de simple imitación y de carencia de adaptación imaginativa. Todas las disciplinas viven en simbiosis con las demás ciencias sociales y, a decir verdad, no les queda más remedio, porque están programadas genéticamente para engendrar nietos híbridos.

Las redes de influencias interdisciplinarias son tales que están arrasando las antiguaa clasificaciones de las ciencias sociales. La pauta que hoy se manifiesta consiste en el paso de las antiguas disciplinas oficialmente reconocidas a nuevas ciencias sociales híbridas. La palabra “interdisciplinariedad” no expresa bien el fenómeno porque tiene un deje de diletantismo y habría, pues, que evitarla y sustiturla por “multiespecialidad” o “hibridación del conocimiento científico”.

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Autor: Manuel Luis Rodríguez U.

Ciudadano, magallánico, patagónico.

2 pensamientos en “Las nuevas Ciencias Sociales: grietas en las murallas de las disciplinas – Mattei Dogan (UNESCO)

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