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Contribuciones para una historia de las Ciencias Sociales

La historia de las ciencias sociales tiene sus raíces en la filosofía antigua. En la historia antigua, no existía diferencia entre las matemáticas y el estudio de la historia, la poesía o la política. Durante la Edad Media, la civilización islámica hizo importantes contribuciones a las ciencias sociales. Esta unidad de ciencia como restos descriptivos y razonamiento deductivo de axiomas y premisas para la investigación que crearon un marco científico fiable.

La Ilustración produjo una revolución con la entonces denominada “filosofía natural“, con la que se modificó el marco básico por el cual los individuos entendían lo que era “científico”. En algunos sectores de la intelectualidad europea, el avance creciente de los estudios matemáticos presumía una realidad independiente del observador y que funcionaba por sus propias normas. Puede afirmarse que las ciencias sociales -tal como las entendemos y aplicamos en el presente- provienen de la filosofía moral de la época y estuvieron influenciadas por la Era de las revoluciones, tales como la Revolución industrial y la Revolución francesa.

Las ciencias sociales son herederas de la modernidad.

Las ciencias sociales desarrolladas a partir de las ciencias (experimentales y aplicadas) o el conocimiento de base sistemático o prácticas prescriptivas, relaciones con el progreso social de un grupo de entidades interactuantes.[2] [3]

Los inicios de las ciencias sociales en el siglo XVIII están reflejados en la Enciclopedia de Diderot, con artículos de Rousseau y otros enciclopedistas. El crecimiento de las ciencias sociales también fue mostrado en otras enciclopedias especializadas. En el período moderno, el término “ciencias sociales” fue inicialmente utilizada como un campo conceptual distinto.[4] Las ciencias sociales fue influenciada por el positivismo,[1] centrado en el conocimiento basado en la experiencia real en sentido positivo y evitando lo negativo; la especulación metafísica fue eliminada. Auguste Comte usó el término “ciencia social” para describir el campo, tomado de las ideas de Charles Fourier; Comte también se refiere al campo de la “física social”.[1] [5]

Después de este período, hubo cinco vías de desarrollo que surgieron en las ciencias sociales, influenciadas por Comte y otros campos.[1] Una de ellas fue la investigación social, por la cual se llevaron a cabo grandes muestras estadísticas en varias partes de Estados Unidos y Europa. Otro camino fue iniciado por Émile Durkheim, quien estudió los “hechos sociales”, y por Vilfredo Pareto que introdujo ideas metateóricas y teorías individuales. Un tercer camino, desarrollado por Max Weber, surgió de la dicotomía metodológica, en la cual se identificaba y entendía el fenómeno social. La cuarta ruta se fundamentó en la economía, desarrolló y promovió el conocimiento económico como el propio de una ciencia dura. La última vía fue la correlación del conocimiento y valores sociales; Weber demandó firmemente esta distinción. En esta vía, la teoría (descripción) y la prescripción eran discusiones formales no superpuestas de un tema.

Para el inicio del siglo XX, la filosofía ilustrada había sido desafiada en varios frentes. Después de la utilización de las teorías clásicas desde el final de la revolución científica, diversos campos sustituyeron los estudios matemáticos por estudios experimentales y analizaron ecuaciones para construir una estructura teórica. El desarrollo de subcampos de las ciencias sociales se hizo muy cuantitativa en la metodología. Por el contrario, el carácter inter y transdisciplinar de la investigación científica en el comportamiento humano y los factores sociales y ambientales que la afectaban hizo que muchas de las ciencias naturales se interesaran en algunos aspectos de la metodología de las ciencias sociales.[6] Ejemplos de una frontera borrosa incluyen disciplinas emergentes, como la medicina, sociobiología, neuropsicología, bioeconomía e historia y sociología de la ciencia. Cada vez más, la investigación cuantitativa y los métodos cualitativos están siendo integrados en el estudio de la acción humana y sus implicancias y consecuencias. En la primera mitad del siglo XX, la estadística se convirtió en una disciplina independiente de matemática aplicada, por lo que los métodos estadísticos cobraron mayor confiabilidad.

En el período contemporáneo, Karl Popper y Talcott Parsons, entre otros autores, influyeron en la complejización y promoción de las ciencias sociales.  Los investigadores sociales continúan en el presente en busca de un consenso unificado en torno a qué metodología tendrá el poder y refinamiento de conectar una “gran teoría” propuesta” con las múltiples teorías de medio rango que siguen proveyendo con considerable éxito marcos utilizables para bases de datos masivos y crecientes; sin embargo, en la actualidad, los distintos ámbitos de las ciencias sociales evolucionan en una miríada de formas, aumentando el conocimiento general de la sociedad. Las ciencias sociales en el futuro previsible estarán compuestas de diferentes áreas de investigación de campo.

MANUEL LUIS RODRIGUEZ U.

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Las encuestas políticas y electorales – Consideraciones metodológicas

I. Concepto general de la encuesta como técnica de investigación

La encuesta es una técnica de investigación social que permite conocer las opiniones y actitudes de una colectividad por medio de un cuestionario que se aplica a un reducido grupo de sus integrantes al que se denomina «muestra». Esta técnica se usa con frecuencia en las campañas electorales.

Quienes no han estudiado estas disciplinas cuestionan la validez de esos datos argumentando que lo que dicen unos pocos cientos de personas no permite saber lo que opinan cientos de miles de ellas y elucubran acerca del tamaño de la muestra, su confiabilidad y otra serie de temas. Normalmente imaginan que los procedimientos que deben conducir a la elaboración de una muestra son casi mágicos.

La verdad es que tendríamos una muestra perfecta si lográramos hacer un sorteo en el que todos los electores de un país tuviesen exactamente la misma posibilidad de ser entrevistados. La mejor muestra sería fruto del azar más completo.

En la práctica, esa igualdad de posibilidades no se da. Es más fácil encuestar a los habitantes de las ciudades que a los campesinos, a los de los barrios de clase media que a los de clase alta, etc. En la medida en que el azar total no funciona, los encuestadores toman una serie de medidas técnicas y hacen cuotas para que no sean entrevistados solamente los que tienen más posibilidad de serlo.

Las encuestas electorales están en el ojo de la polémica electoral contemporánea. Desde tiempos inmemoriales los seres humanos tenemos temores y actitudes mágicas frente a los instrumentos que parecen predecir el futuro. Esta tensión instintiva sumada a las pasiones de la lucha por el poder forman una mezcla explosiva que detona en cada campaña electoral.

Las encuestas son conocidas por el escándalo que produce en las campañas la publicación de la simulación electoral, que es una pregunta del formulario que averigua cómo votarían los ciudadanos si las elecciones fueran el día en que se realiza la encuesta. Los candidatos se obsesionan por esa pregunta. Los porcentajes producen polémicas estridentes. Unos dicen que según «sus» encuestas ganan, otros que las encuestas publicadas son falsas, otros que no creen en las encuestas. En varios países de América Latina se han hecho cuñas de televisión hablando de «verdaderas encuestas» y otros disparates.

Los temores mágicos han puesto el foco de la polémica en lo intrascendente y no en lo de fondo. Las encuestas son muy útiles para ganar una elección si se las usa como lo que son: una técnica de investigación. Su fuerza está en la cantidad y calidad de la información que proporcionan a quienes elaboran las estrategias electorales.

En una época en que la democracia se ha ampliado y los países no solo se manejan de acuerdo a lo que dicen las élites económicas o intelectuales, una campaña electoral necesita conocer lo que opinan los ciudadanos comunes acerca de los más diversos temas. La única forma de hacerlo es a través de la investigación científica y la herramienta privilegiada de ese tipo de investigación es la encuesta electoral3.

II. Antecedentes históricos sobre la técnica de las encuestas.

Originalmente las encuestas se aplicaron a la política por iniciativa de medios de comunicación colectiva que pretendían predecir resultados electorales.

La primera encuesta de que hay noticia la aplicó el periódico Harrisburg Pennsylvanian en 1824 averiguando las preferencias de los ciudadanos de Wimiltown en Estados Unidos. En 1880 fue un grupo de periódicos integrado por el Boston Globe, el New York Herald Tribune, el St. Louis Republic y Los Angeles Times el que realizó una nueva encuesta, consiguiendo un aceptable éxito; sus porcentajes se ajustaron bastante a los obtenidos por los candidatos el día de la elección4.

En 1936, la revista Literary Digest intentó hacer su propia encuesta enviando a diez millones de norteamericanos formularios para que los llenasen por sí mismos. El resultado fue catastrófico. Esta experiencia demostró que no es el tamaño de la muestra sino el nivel técnico de quienes la elaboran lo que determina la proximidad de los resultados de la encuesta con los de la elección.

En la década del treinta la señora Alex Miller que pretendía ser Secretaria de Estado en Iowa, contó con el apoyo técnico de las encuestas de su yerno George Gallup para su campaña electoral. Gallup hizo posteriormente su tesis doctoral sobre técnicas de muestreo y fundó una de las empresas de encuestas más famosas del mundo. En esos mismos años surgieron otros grandes encuestadores como Elmo Ropper, que dieron mayor prestigio científico a las encuestas de opinión pública.

Desde entonces en los Estados Unidos las encuestas han servido como instrumento de tecnificación de las campañas electorales y como ingrediente de un periodismo moderno, más preocupado por la opinión pública.

En los Estados Unidos se celebran centenares de elecciones y consultas populares todos los años desde hace muchos años. Esta amplitud y permanencia de la democracia ha permitido que en ese país las técnicas electorales se hayan sofisticado como en ningún otro lugar del mundo. A partir de la campaña del Presidente Kennedy, la mayoría de los políticos norteamericanos comprendieron la utilidad de este tipo de estudios, y actualmente no existe ningún candidato medianamente serio que al iniciar su campaña no proceda a conformar un equipo de consultores profesionales que le asesoren entre los cuales, inevitablemente, está al menos un experto en encuestas.

A partir de la formación de la American Asociation of Political Consultants en los años sesenta, la consultoría política se ha profesionalizado. En la política norteamericana actual nadie duda de la importancia de estos profesionales en campañas electorales y existen varios centenares de empresas dedicadas exclusivamente a la política práctica.

En el intento de avizorar el futuro, la suerte de las encuestas ha sido variable. Por lo general, los sondeos han previsto los resultados electorales aunque a veces han fallado estrepitosamente, como en 1948 cuando todas las empresas predijeron la derrota del Presidente Truman, o como en las elecciones nicaragüenses de 1990, en que la mayor parte de las empresas encuestadoras predijeron el triunfo Sandinista sobre Violeta Chamorro.

En la mayor parte de los países de América Latina las primeras encuestas se aplicaron patrocinadas por medios de comunicación colectiva. En estos días son muchos los periódicos y canales de televisión que publican encuestas cuando llegan las elecciones. Algunos medios de comunicación modernos usan regularmente estudios de opinión pública para otros temas que no son estrictamente electorales, pero que son cada vez más importantes para comprender la política contemporánea.

Actualmente en América Latina son pocos los políticos que manejan bien las encuestas y la consultoría política para orientar sus campañas electorales, aunque en los últimos años, en la mayoría de las campañas han participado consultores que basan sus estrategias en los resultados de investigaciones técnicas.

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El proceso de diseño de una encuesta

ESQUEMA DE CLASES PARA LA ASIGNATURA DE METODOLOGIA DE LA INVESTIGACIÓN. ESCUELA DE PSICOLOGIA. UNIVERSIDAD DEL MAR, SEDE PUNTA ARENAS.

A continuación se presenta la secuencia completa de los elementos imprescindibles en la planificación de una encuesta de opinión.

1) Planteamiento del problema de investigación.

2) Elaboración del diseño metodológico: elaboración del instrumento de recolección de datos, discusión, selección de variables, redacción y corrección.

3) Prueba del cuestionario o pre-test: testeo o prueba piloto en un grupo reducido representativo tomado desde la muestra.

4) Corrección, validación y elaboración definitiva del cuestionario.

5) Diseño muestral: elección del tipo de muestra y elaboración de un diseño en una etapa o polietápico.

6) Planificación de l estrategia de campo.

7) Entrenamiento de encuestadores, supervisores, recepcionistas, editores.

8) Proceso de levantamiento o registro de datos: realización del trabajo de campo.

9) Grabación y tabulación de datos.

10) Primer tratamiento estadístico: ponderaciones, revisión y juego de totales.

11) Plan de tablas y cuadros de doble entrada, tabulaciones.

12) Análisis estadístico y conceptual: pruebas de chi cuadrado, significación.

13) Conclusiones y correcciones.

14) Elaboración del informe de la encuesta.

Manuel Luis Rodríguez U.

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La encuesta como técnica de investigación

Una de las dificultades de brindar una definición de qué es una encuesta es, en primer lugar, que se llama encuesta a dos diferentes cosas en la investigación.

Se denomina encuesta al método o técnica de relevar datos mediante un instrumento como el cuestionario, y se denomina encuesta al procedimiento general de investigar cuantitativamente empleando un cuestionario.

Puede parecer lo mismo pero no lo es. Si un investigador quiere complementar un estudio social o de opinión pública con datos cualitativos, y tiene un proyecto desarrollado con hipótesis definidas y otros datos ya obtenidos, en ese caso si decide realizar una “encuesta” está meramente utilizando un registro de datos.

En ese sentido la encuesta puede ser considerada como un procedimiento técnico análogo a una cámara de fotos o un microscopio, salvando las distancias.

En cambio, si el investigador realiza otro estudio cuantitativo desde cero, y debe plantear variables, definir unidades de análisis, un diseño muestral, elaborar escalas para medir actitudes, determinar un error admisible, y un cuestionario, puede llamar encuesta a toda la investigación.

Manuel Luis Rodríguez U.

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La metodología de la investigación como herramienta académica y científica

La metodología de la investigación como disciplina emana desde la Epistemología e integra el conocimiento y la aplicación de diferentes métodos y técnicas provenientes desde distintas Ciencias.

La metodología sirve a las ciencias como el soporte conceptual y procedimental suficiente para asegurar la contrastabilidad, aplicabilidad, pertinencia y validez de los procesos de investigación científicos de manera de cumplir con las exigencias y protocolos que cada disciplina exige para considerar a cada producción como un hallazgo de carácter científico.

La Metodología sirve a la Ciencia como repertorio prescriptivo de las diferentes etapas y pasos formales que el investigador debe cumplir sucesivamente para procesar los datos obtenidos desde la realidad y alcanzar la verdad o el conocimiento, entendiendo siempre que los hallazgos científicos están caracterizados por la precariedad -es decir, por su carácter provisorio- y por la contrastabilidad con la realidad empírica a la que alude.

En el proceso de la investigación, la Metodología regula el uso adecuado y eficiente de las diferentes técnicas y procedimientos a fin de asegurar que se correspondan entre sí, los objetivos de la investigación, las preguntas y la hipótesis de investigación, las variables e indicadores que constituyen la hipótesis, con aquellas técnicas y estrategias de levantamiento de la información más adecuadas y pertinentes al objeto de investigación.

Manuel Luis Rodríguez U.

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Glosas a las “Reglas para la Dirección del Espíritu” de René Descartes

Descartes puede considerarse como uno de los fundadores de la Epistemología moderna, es decir, uno de los iniciadores de un proceso de racionalización de la búsqueda del conocimiento.  A partir del “Discurso del Método”, Descartes despliega en el siglo xvii una nueva tentativa de “combate intelectual” para dar por tierra con los prejuicios, dogmas y lugares comunes provenientes de la teología y en las “Regulae Ad Directionem Ingenii” fija algunas orientaciones del método que más tarde serían perfeccionadas en el “Discurso del Método”.

Seleccionamos aquí algunos párrafos de las Reglas, para ofrecer un análisis epistemológico aplicado a las necesidades modernas de la investigación. 

Y en verdad me parece asombroso que muchos investiguen con toda diligencia las costumbres de los hombres,las virtudes de las plantas, el movimiento de los astros, las transformaciones de los metales y otros objetos de estudio semejantes y, en cambio, casi nadie se preocupa del buen sentido, o sea, de esa universal sabiduría, cuando p0recisamente todas las otras cosas se deben apreciar no tanto por sí mismas cuanto porque en algo a ella contribuyen. (Regla Primera)

Podemos llegar al conocimiento de las cosas por dos caminos, a saber: por la experiencia o por la deducción. (Regla Segunda).

Entiendo por intuición…a una concepción del puro y atento espíritu tan fácil y tan distinta que no quede en absoluto duda alguna respecto de aquello que entendemos o, lo que es lo mismo, una concepción no dudosa de la mente pura y atenta, que nace de la sola luz de la razón y que, por ser mas simple, esmás cierta que la misma deducción. (Regla Tercera).

Manuel Luis Rodríguez U.

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Algunas tesis sobre la construcción del pensamiento crítico

I.- La crítica, como actividad teórica (intelectual) y como praxis, nace de la contradicción.

II.- La crítica nace de una contradicción real, es decir, de una oposición empíricamente existente en la realidad.

III.-  La crítica, como forma racional de la contradicción lógica, emana de una contradicción real.

IV.-  La crítica es un ejercicio de la razón.

V.- La crítica es una forma de razonamiento y en cuanto tal surge del cuestionamiento -más o menos radical- a una realidad problemática y contradictoria.

Manuel Luis Rodríguez U.

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Nuevos significados del aprender

En el idioma chino, dos caracteres representan la palabra “aprender”. El primero significa “estudiar”. Se compone de dos partes: un símbolo que quiere decir “acumular conocimientos” y que se pone encima de un símbolo que representa a un niño en una puerta.

El segundo de los dos caracteres significa “practicar constantemente” y muestra a un pájaro que desarrolla la capacidad de salir del nido. El símbolo superior representa el vuelo; el inferior, la juventud. Para la mentalidad asiática, aprender es una actividad continua. Tomados conjuntamente, “estudiar” y “practicar constantemente” sugieren que el aprendizaje debe significar “dominio de la manera de mejorarse a sí mismo”.

Tomado del libro “Escuelas que aprenden” de Peter Senge (Grupo Editorial Norma, 2002. ISBN: 958-04-6511-8.

La técnica de la monografía

Desde el punto de vista de su etimología, el concepto de monografía proviene del griego monos (único) y grapho (escribir). De este significado básico resulta que podría considerársela como la escritura de un único tema.

El diccionario de la RAE define a la monografía como “la descripción y tratado especial de determinada parte de una ciencia o asunto particular”. Para los efectos de esta presentación, definiremos una monografía como “un texto científico de corta extensión que aborda un sólo tema o tópico, desde una perspectiva original.”

Objetivos de una monografía

La monografía se define por su contenido, sin perjuicio de adoptar un formato propio.  El objetivo central de la monografía, por lo tanto, es el de exponer de manera específica un tema para profundizar una investigación científica ya realizada o para dar comienzo a otra. Además, en la monografía como en todo trabajo científico y académico, se intenta establecer una visión original del tema.

Una tipología de las monografías

Los tipos de una monografía son variados como lo son las ciencias y sus métodos particulares.  En el caso específico de las Ciencias Sociales ésts se prestan especialmente para la formulación de estudios preliminares,  que aborden aspectos específicos de la disciplina, tanto para avanzar una investigación, como para sugerir líneas de profundización.

En general se pueden diferenciar tres tipos distintos de monografías, a saber:

1.-  Monografía de compilación: El investigador, alumno o académico después de elegir un tema específico, analiza y redacta una presentación crítica de la bibliografía y referencias teóricas que existen al respecto. Para este tipo de monografía es fundamental disponer de un buen nivel de comprensión, de lectura y de capacidad de análisis crítico, para poder referirse a diferentes puntos de vista y exponer una opinión personal a partir de la bibliografía consultada tras una revisión exhaustiva.

  • 2.  Monografía de investigación: tiene por objeto  abordar un tópico nuevo o poco explorado y que se realiza en una investigación original; para este objetivo el autor debe conocer en detalle lo que ya se ha publicado sobre el tema y aportar una perspectiva o punto de vista novedoso.
  • 3.-  Monografías de análisis de experiencias:  este tipo de monografías tiene por objetivo exponer experiencias de práctica, tanto profesional como científica, de manera de desprender conclusiones, así como comparar esta experiencia con otras experiencias semejantes.

Características, particularidades y modalidades de la monografía

La monografía sigue una estructura que se divide en tres partes: la introducción, el desarrollo y la conclusión.

  • Introducción: Su finalidad es el planteo, claro y simple, del tema de la investigación y la presentación sintética del trabajo. La introducción no es un preámbulo vago; es el lugar donde se plantea el problema de investigación y las preguntas de investigación.
  • Desarrollo: Es la fundamentación lógica del trabajo de investigación ya sea literario, histórico, científico o filosófico, cuya finalidad es exponer y demostrar. Formulada una tesis (un problema) se desarrollan ciertos argumentos, cuya justificación lógica se propone, y se llega a una conclusión.
  • Conclusión: Posee una estructura propia. Debe proporcionar un resumen, sintético pero completo, de toda la argumentación presentada, así como las pruebas y los ejemplos que permiten fundamentar los argumentos. Es un círculo que regresa a la introducción: la conclusión completa y responde a la introducción.

El esquema formal del que se halla compuesta una monografía consta de siete elementos o partes que no deben ser omitidas, si se desea que el resultado final alcance el nivel académico y científico que se espera, tanto en la universidad como para la profesión.

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De las palabras a los conceptos

“…y las palabras,/brillaban en su copa inagotable, /opacas o sonoras, /fecundas en la fronda del lenguaje, /cargadas de verdad y de sonido…”

Pablo Neruda: Oda al diccionario. Nuevas Odas Elementales.  Santiago, 1956. En: Pablo Neruda.  Antología General. Lima, 2010. Real Academia Española de la Lengua, p. 292.

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Cuando el ser humano llegó a ser casi completamente humano, cuando el homínido atravesó la selva húmeda de la prehistoria del ser y se convirtió en homo sapiens, su primera forma de humanidad fue la palabra.  En el inmenso océano del cerebro humano, la primera raíz de la luz y de la razón se sumerge y se encuentra en el rico ejercicio de la lengua y de la comunicación, el balbuceo que intenta, el gateo de la boca y del cerebro en busca de la idea.

La condición humana comienza con la razón y se instala con la palabra, es decir, con el ejercicio inteligente de la conciencia para construir ideas que reflejan y reproducen las cosas.  Una palabra es así, una idea comunicada que refleja y reproduce una cosa, un objeto, un hecho, una realidad, una forma.

En los primeros tiempos del niño, el juego de las sílabas y de las letras, se mezcla con la denominación de los objetos y de los seres.  La pregunta del niño y la respuesta del mayor puede ser un ejercicio de navegación por los nombres de cada uno de los objetos que rodean la presencia del aprendiz, que pone etiquetas de prueba a las cosas, registrando su propia manera de re-construir la realidad.   En el lento y fascinante ejercicio de denominación del niño, se abre y se vuelve a escribir nuevamente un diccionario siempre inconcluso de nuevos significados que son re-significados.

La palabra es un segmento del discurso, un segmento significante, un segmento retórico asociado a una significación convencional dada.  Es un fonema con significado y la representación gráfica de ese fonema.  En cambio un concepto  es una abstracción retenida en la mente y que resume experiencias, razonamientos y/o ideas.

… … en elaboración …

Ese artefacto que llamamos futuro

El futuro no es solo una cuestión cronológica, el futuro no es sólo una cuestión de tiempo.

Si así fuera, el porvenir podría venir prefigurado, pre-escrito y anticipado con detalle, hasta llegar a la exasperante nulidad de lo planificado.  Sin embargo, la cuestión que se nos presenta ante el “problema del futuro” es que se trata en definitiva de un constructo” artificial, cultural e históricamente determinado, es decir de un “objeto cultural” cuyo complejo contenido simbólico atraviesa longitudinalmente la historia de la humanidad, y se nos (im)(pro)pone como una metáfora implícita, no expresa, no visible y subyacente en el lenguaje común, en la imaginería artística, en la gramática política, en el quehacer comunicacional y en el logos científico.

Con demasiada frecuencia, el futuro es lo que los poderes dominantes, los intereses prevalecientes y las estructuras de hegemonía quieren hacer con nuestros porvenires individuales y nuestros futuros colectivos, sociales y grupales.

En cierto modo, el futuro y pensar el futuro puede ser o puede convertirse en una poderosa revolución de las mentes y las conciencias, en una poderosa máquina demoledora de sistemas, de estructuras y de aparatos de poder, como sucedió con el Renacimiento en el siglo XIV, con la Ilustración en el siglo XVII y XVIII, con los cambiois sociales, científicos e ideológicos del siglo XIX y con la revolución tecnológica de fines del siglo XX.

El futuro ya no es lo que era antes y seguramente cada sociedad, cada cultura, cada civilización elabora, difunde y proyecta su propio modelo de futuro.

Atrapados entre un presente inasible que se nos escapa a cada instante, un pasado definitivo al que no podemos regresar como suceso y un futuro improbable que no acontece todavía, los humanos intentamos traer el porvenir al momento actual,  para tratar de anticipar lo que nos espera.

Sólo que, a diferencia de otros procesos sociales luego humanos, el futuro no nos espera: ya está comenzando a suceder…

Desde esta perspectiva, sólo el presente, con su cortejo de determinaciones irrefrenables, se permite decidir y anticipar lo que sucederá o lo que debería suceder en el porvenir, ya que la historia ha transcurrido y no regresa, y el futuro parece que todavía no acontece.  El futuro resulta entonces operar como amplio campo de exploración de la ciencia, como lugar de imaginación de la literatura, como terreno de ensoñación del arte, como programa previsional de la política y de la estrategia, como espacio de anticipación de la cultura y también como terreno de innovación e invención de la tecnología.

Asistimos al futuro como una locomotora multiforme que se acelera delante de nuestra conciencia y el subconsciente colectivo, en la forma de anticipaciones, previsiones y predicciones que se instalan intentando prefigurar en el presente, lo que el presente quiere hacer del futuro.

La Economía pretende imponer su proyecto de futuro, sobre la base de la determinación de los procesos productivos sobre el sistema político y la cultura, del mismo modo como las demás Ciencias Sociales inscriben el porvenir en la lógica de acontecimientos más o menos indefinidos supuestos en horizontes temporales no precisos.   El futuro de las Ciencias Sociales se diluye en el tiempo real.

El objeto de la ciencia llamado futuro, fue tomado inicialmente -en los lejanos tiempos prehistóricos- por la adivinación y la magia, fue adoptado más tarde por la anticipación y la futurología en las edades medias y feudales, pasó por las manos de la Ciencia Ficción en el siglo xix en la modernidad y se instaló en la Previsión y la Prospectiva desde la segunda mitad del siglo xx.

En este lento trayecto histórico y epistemológico, la problemática futurista ganó en capacidad metodológica y en potencia conceptual, pero perdió en amplitud y precisión, ganó en cientificidad y perdió en pasión e imaginación.

FUTURO Y TIEMPO

Del mismo modo como el futuro es una construcción cultural, un universo simbólico que la historia acarrea consigo, el tiempo es un marco cronológico en el que inscribimos los hechos de la cotidianeidad, formando una secuencia irrepetible y aparentemente ineludible de acontecimientos.  El futuro depende del tiempo, como elaboraciones culturales predeterminadas, que supone visiones temporales, determinadas interpretaciones del transcurso.

En la cultura occidental, heredera casi directa de la herencia judeo-cristiana se nos impone el tiempo -y la noción de tiempo-  como una secuencia lineal irrepetible y absoluta que va desde el pasado, transcurre en el presente y continúa hacia el futuro.  El tiempo como línea absoluta “pasado – presente – futuro” es uno de los paradigmas claves que determinan la cultura dominante en la sociedad contemporánea.

L’avenir donc, n’est pas une formule cronologique construite une fois pour toutes sinon au contraire, c’est une simbologie déterminée par la logique du temps qui s’impose à la culture et dont le présent conduirait vers le futur sans appel et sans detour.

En la lógica occidental del tiempo, el pasado ya ocurrió, el presente está sucediendo y el futuro todavía no ocurre, generando una linealidad inevitable y determinista de todo el acontecer humano.  Sin embargo, en otras culturas, como las originarias americanas en cambio, el tiempo opera como ciclos que giran, van y vuelven, dando forma a una evolución cíclica en forma de espiral cronológica.

El futuro como significado y símbolo (siguiendo la lógica del interaccionismo simbólico) permite a los individuos actuar e interactuar de una manera distintivamente humana sobre el proceso histórico y sobre el presente, produciendo a la vez, interacción social e interacción simbólica.

TECNICAS Y MÉTODOS

La disciplina Prospectiva ha avanzado, desde su surgimiento a mediados del siglo xx en el diseño de nuevas técnicas y métodos de exploración del futuro o, más bien dicho, de los futuros posibles.  Entre ellas, cabe destacar a los escenarios prospectivos, el método Delphi y el estudio de las tendencias profundas, resultan ser los métodos más atractivos y utilizados para construir diseños y modelizaciones de futuros en horizontes de tiempo que van desde el corto plazo (de 5 a 10 años), mediano plazo (de 11 a 20 años) y de largo plazo (de 21 años en adelante).

Cabe subrayar que en su estado actual de avance de las técnicas prospectivas, lo que éstas logran realizar es sólo una anticipación aproximada y general de las tendencias que ocurrirían plausiblemente en el futuro y que pudieran influir los comportamientos y procesos humanos.  Ninguna de las técnicas y modelos de pronóstico científicamente validadas permiten anticipar futuros de mediano y largo plazo con exactitud absoluta.  Podemos anticipar, por ejemplo,  el clima meteorológico con una o dos semanas de anticipación, pero resulta aventurado anticipar el clima para el próximo mes con exactitud diaria.

La “curva del tiempo” (pensando en términos de relatividad einsteniana) se tuerce y distorsiona a medida que nos alejamos del presente, de manera tal que los pronósticos plausibles pierden en precisión cuando nos desplazamos desde el mediano al largo plazo en la línea del tiempo cronológico.

Del mismo modo,  la línea temporal “pasado-presente-futuro” puede ser precisa y detallada cuando desde el presente analizamos las tendencias pasadas más notorias y las proyectamos en horizontes y escenarios de corto plazo hacia el futuro, pero el pronóstico se hace más difuso cuando tomamos largas tendencias desde el pasado histórico y, pasando por el presente, las proyectamos hacia escenarios de largo plazo en el futuro.

El uso de las técnicas prospectivas ha sido adoptado por las principales disciplinas científicas modernas y los problemas de su validación metodológica, vienen dados -entre otros factores- por las dificultades propias de la verificación de las hipótesis prospectivas (no se puede verificar en el presente un pronóstico futuro) y por la adecuada selección y ponderación de las variables que serán proyectadas desde el presente hacia el horizonte de futuro elegido.

Otra dificultad epistemológica que enfrentan los métodos prospectivos, es el azar.  En la medida en que los procesos humanos (sociales, económicos, culturales, políticos, tecnológicos, ambientales) están sometidos al imponderable de lo imprevisto, del accidente, de la falla, del caos y del error, en síntesis, en la medida en que el azar interviene siempre en los procesos de la vida humana, este factor imprevisible e imprevisto debe ser también considerado e incorporado en la previsión futurista.

Manuel Luis Rodríguez U.

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS CONSULTADAS

  • Bas, Enric (1999). Prospectiva; herramientas para la gestión estratégica del cambio. Ed.Ariel.Barcelona.
  • Godet, Michel (2004). Creating Futures Scenario Planning as a Strategic Management Tool. Economica, Paris, 2001.
  • Grawitz, M.: Méthodes des Sciences Sociales. Paris, 1990.  Edit. Dalloz.

    Ritzer, G.: Teoría Sociológica Contemporánea. México, 1996.  McGraw-Hill Edits.

    RECURSOS DE INFORMACIÓN ADICIONALES

    INSTITUTE FOR FUTURE STUDIES

    FUTURE STUDIES METODOLOGIES

    FONDATION FUTURIBLES

    El debate como herramienta pedagógica

    En la mayoría de los campos disciplinarios de las Ciencias Sociales, la necesidad de poner en tensión la teoría con las prácticas científicas, profesionales y académicas, se abre como una posibilidad de construir y generar espacios de debate y de análisis controversial susceptibles de contribuir al desarrollo de cada profesión, de cada carrera y de cada disciplina.

    En Chile se ha extendido el uso del debate, como técnica de  intercambio y confrontación de ideas y conocimientos en el ámbito académico y educacional, desde liceos a institutos profesionales y universidades, y estas experiencias se han desarrollado en dos niveles: los debates intra-asignaturas o intra-carrera donde cada profesor/académico recurre a la fórmula del debate para medir el grado de adquisición de conocimientos, destrezas y habilidades; y los debates inter-carreras o inter-institucionales, donde distintas instituciones educacionales de un mismo nivel confrontan equipos seleccionados y entrenados de alumnos en torno a temas seleccionados.

    Más allá del aspecto mediático que este método puede implicar y que es accesorio a los fines académicos, lo esencial y  que nos parece relevante es la utilidad pedagógica que resulta de la creación sistemática de espacios de diálogo en el aula y dentro del ámbito universitario, donde los alumnos, acompañados y guiados metodológicamente por sus profesores, pueden producir experiencias de aprendizaje significativo.

    No basta con que los debates se hayan convertido en una suerte de moda en colegios, liceos y universidades.  Se hace necesario reiterar la importancia que revisten como prácticas en el ámbito académico, para el fortalecimiento de los aprendizajes e incluso, como experiencia de preparación cívica para una ciudadanía más consciente, más crítica y más protagónica.

    ALGUNOS SIGNIFICADOS ACADÉMICOS DEL DEBATE

    El debate, como confrontación dialógica y crítica de argumentos distintos y hasta contradictorios, forma parte de la esencia misma del ejercicio académico: no tendría sentido el solo trabajo pedagógico universitario, si no estuviera a su vez  respaldado y enriquecido por formas de diálogo e intercambio de puntos de vista diferentes, enfoques, miradas, razonamientos susceptibles de abrir las perspectivas del conocimiento y la comprensión.

    En la práctica académica universitaria, además -pareciera innecesario subrayarlo- los debates son parte inherente del ejercicio intelectual de los docentes, de los alumnos y de toda la academia, a través de foros, seminarios y otros encuentros, además de los propios debates inter-académicos e inter-universitarios.

    Propiciamos la realización de debates como prácticas pedagógicas evaluadas, de manera que, dentro de cada asignatura, los alumnos tengan la oportunidad de  exponer públicamente sus propios argumentos, ideas y conocimientos adquiridos.

    Sin embargo, el debate como práctica pedagógica en el aula y asociado a cada asignatura, puede convertirse en una experiencia de gran utilidad, tanto para el desarrollo de las habilidades comunicativas de los alumnos, como de un mejoramiento de la calidad de los aprendizajes.

    El debate como práctica pedagógica contribuye a mejorar la disciplina de lectura, el uso crítico de las fuentes y referencias bibliográficas, la consulta más frecuente de biblioteca, fortalece las destrezas comunicacionales y de exposición oral y, en definitiva,  genera exigencias adicionales de aprendizaje en los estudiantes.

    ALGUNOS CRITERIOS DE EVALUACIÓN

    En este artículo, nos referimos específicamente a los debates como práctica pedagógica al interior del aula y, por lo tanto, en el contexto de una determinada asignatura.

    Un debate como ejercicio pedagógico en clases, puede ser evaluado mediante procedimientos formativos o sumativos.

    Los criterios de evaluación de los debates dentro de cada asignatura, giran en torno a cuatro conceptos generales:

    a)  uso adecuado y pertinente del lenguaje científico y académico, es decir,  la utilización de los conceptos, ideas y referencias teóricas de la ciencia en particular;

    b) calidad argumental y expositiva, en el sentido del uso adecuado y competente de técnicas orales, escritas, gráficas y/o audiovisuales para exponer los contenidos y para debatir;

    c) calidad y pertinencia de las fuentes bibliográficas utilizadas, en el sentido de la exactitud y adecuación de las referencias bibliográficas y autores utilizados para apoyar los argumentos desplegados en el debate; y

    d)  dominio del tema abordado, que se refiere al modo adecuado de mostrar habilidades comunicativas y certeza en los argumentos, a partir de un conocimiento de las fuentes y referencias.

    Manuel Luis Rodríguez U.

    REFERENCIAS

    Bonomo, H., Mambert, J., Muller, J.: Tolerancia crítica y ciudadanía activa: una introducción práctica al debate educativo. Tomado de página web de IDEA,  INTERNATIONAL DEBATE EDUCATION ASSOCIATION: http://workserver.idebate.org

    Este material introduce al lector en la práctica del debate con formatos y sus características esenciales. Asimismo, permite que el lector pueda utilizarlo para coordinar o facilitar talleres y prácticas de debate con grupos de jóvenes o estudiantes. Cada capítulo incluye ejercicios y sugerencias para su coordinación, mientras que los apéndices proveen material adicional para la implementación de prácticas de debate: ejemplos de resoluciones para ejercitar, un ejemplo de debate y una guía para la organización de torneos de debate.

    Los juegos de la infancia – Proyecto de Investigación

    INTRODUCCIÓN Y PROBLEMATIZACIÓN

    La observación preliminar de las prácticas lúdicas de niños y niñas en cualquiera de nuestros jardines infantiles y colegios básicos, nos debiera permitir dar cuenta de una combinación de variables y factores de análisis de una realidad social, cultural e intersubjetiva que está ocurriendo cotidianamente y que no ha sido suficientemente estudiada, a lo menos a escala regional.

    Se trata de la violencia en los juegos infantiles, agresividad lúdica que pudiera reflejar otros condicionamientos socio-culturales como los estilos parentales, el ambiente familiar, el contexto escolar y, muy en particular, las influencias provenientes del consumo mediático y los patrones de conducta que los programas televisivos infantiles ofrecen (incluyendo los videojuegos).

    El tópico de la influencia de la televisión y los contenidos violentos de sus programas sobre los comportamientos y las prácticas lúdicas de los niños y niñas, en cuanto momentos-espacios donde éstos expresan patrones de liderazgo y repiten con frecuencia determinados estereotipos agresivos, puede considerarse como un interesante punto de cruce interdisciplinario entre la Sociología, la Psicología Infantil, la Antropología y hasta la Ciencia Política, así como las Ciencias de la Comunicación.

    Desde distintas Ciencias Sociales se asume que el consumo mediático induce numerosos problemas y efectos en los niños y adolescentes, entre los cuales se les relaciona con el déficit atencional, la hiperactividad, los comportamientos agresivos y violentos, el tabaquismo, el consumo de alcohol, la alimentación malsana, la obesidad, el sobrepeso y la baja autoestima, entre otros. (Brodeur, J.: Les impacts de la consommation médiatique sur les enfants et adolescents. Montreal, 2010. Soins Pédiatrie-Puériculture, Nº 253, mars/avril, 2010).

    La preocupación sobre los niveles de violencia interpersonal en las sociedades occidentales ha llevado a centrarse en los efectos que las imágenes violentas que aparecen en los medios de comunicación: como la televisión, los vídeos o más recientemente en imágenes generadas por ordenador, pueden tener en los niños. La principal preocupación radica en que una exposición
    continuada de los niños a estas imágenes puede volverles insensibles a la violencia y animarles a imitar esos comportamientos violentos.

    Surgirían así tres órdenes de problemas.

    Un primer orden de problemáticas dicen relación con la articulación entre la infancia, el juego y la construcción social de la realidad.

    Un segundo orden de problemáticas dice relación con la articulación existente entre consumo mediático de los niños, la adquisición o adopción de determinados modelos de conducta agresivos –modelos comunicacionales- y su repetición durante las prácticas lúdicas.

    Un tercer orden de problemáticas se refieren a la construcción social de la personalidad de niños y niñas a través de sus prácticas lúdicas habituales de contenido violento y que implican a grupos de pares, donde el liderazgo y las relaciones interpersonales se realizan en un contexto en el que la violencia y la agresión es una práctica frecuente y cotidiana.

    De este modo, se constituye un nudo problemático en el que interviene factores psicológicos, culturales y  sociológicos y que, por su misma naturaleza, requieren ser abordados con un enfoque multidisciplinario e incluso interdisciplinario.

    ALGUNAS PREGUNTAS DE INVESTIGACIÓN

    Nos preguntamos:

    ¿Ejerce alguna influencia la televisión y los juegos video sobre las prácticas lúdicas de los niños y las niñas?

    ¿Qué programas de televisión ven con mayor frecuencia?

    ¿Qué juegos de video practican con mayor frecuencia?

    ¿Cuáles son los contenidos simbólicos y los modelos comportamentales que dichos programas y juegos transmiten y proponen y en qué medida esos modelos son repetidos por los niños y niñas en sus prácticas lúdicas espontáneas?  Sigue leyendo

    Las nuevas Ciencias Sociales: grietas en las murallas de las disciplinas – Mattei Dogan (UNESCO)

    Una doble distinción: la enseñanza por oposición a la investigación y la disciplina por oposición a la especialidad

    En todas las universidades, la enseñanza, el nombramiento y las carreras de los docentes, el examen de su labor por colegas de igual categoría se ajustan a las fronteras diciplinarias. Las disciplinas desempeñan un importante papel en la transmisión del saber de una generación a otra, motivo por el cual se perpetuarán en las universidades. Por el mero hecho de existir oficialmente, una disciplina tiene muchos intereses profesionales que defender. Cada disciplina defiende celosamente su soberanía territorial. Algunos estudiosos creen todavía, como Augusto Comte hace mucho tiempo, que cada ciencia debe poseer su propia materia de estudio distintiva, opinión que se puede justificar desde una perspectiva pedagógica.

    Ahora bien, en el frente de las investigaciones, las fronteras reconocidas de las disciplinas están cada vez más en entredicho, porque las disciplinas tradicionales ya no corresponden a la complejidad, las ramificaciones, la gran diversidad del esfuerzo que hoy día despliegan los científicos. En la investigación científica, el aumento de las especialidades fisura las disciplinas académicas, cuyos perfiles están convirtiéndose en artificiales y arbitrarios. Entre disciplinas vecinas hay espacios vacíos o terrenos inexplorados en los que puede penetrar la interacción entre especialidades y campos de investigación, por hibridación de ramas científicas. En paralelo a la distinción entre enseñanza e investigación discurre la distinción entre disciplina y especialidad. La mayoría de los sociólogos de la ciencia consideran pertinente la oposición entre disciplina y especialidad, como demuestran los ejemplos que a continuación expondremos.

    Thomas Kuhn, tras haber creído que las disciplinas eran vectores de paradigmas, se decantó por las “matrices disciplinarias”, unidades menores que las disciplinas. No existen definiciones analíticas de especialidades y disciplinas.

    “Ambas son agrupaciones laxas de científicos consagrados a problemas similares y que se identifican a sí mismos y son identificados por otros como personas que trabajan en la división menor, social y cognitivamente definida como especialidad y así denominada… Las especialidades son comparativamente pequeñas y fluidas, en tanto que las disciplinas son más estables y están más a menudo institucionalizadas en la estructura de las universidades y de las agrupaciones profesionales oficiales… Los miembros de las especialidades son conocidos por los demás o conocen mutuamente su labor, en mayor medida que las investigaciones efectuadas en su disciplina considerada en conjunto” (Zuckerman, 1988, pág. 561).Según Crane y Small, “racimos de áreas de investigación conexas constituyen especialidades a cuyos miembros une un mismo interés por un tipo concreto de fenómeno o método… A su vez, las disciplinas se componen de un racimo de especialidades” (Crane y Small, 1992, pág. 198). Analizando las relaciones entre especialidades dentro de las disciplinas y entre especialidades interdisciplinarias, los mismos autores disciernen dos tipos de disciplinas:

    “Cabría esperar que las disciplinas restringidas, como la mayoría de las ciencias físicas, mostrasen un grado elevado de vinculación entre distintas áreas de investigación dentro de la disciplina, pero menos con otras disciplinas. Es probable que las ciencias no restringidas, como la mayoría de las ciencias sociales, mostrasen vínculos relativamente difusos entre las áreas de investigación tanto dentro como fuera de las disciplinas” (Ibíd., pág. 200).En el archipiélago de las ciencias sociales, hay, según la definición que adoptemos, de diez a quince disciplinas académicas, pero centenares de especialidades, sectores, campos, subcampos, intersticios y nichos. En sociología, por ejemplo, existen unas 50 especialidades, como indica la lista de comités de investigación de la Asociación Internacional de Sociología. En la Asociación Internacional de Ciencias Políticas hay otros tantos. La mayoría de estos grupos colaboran hasta cierto punto dentro de sus respectivas asociaciones traspasando las fronteras entre las disciplinas. Lo mismo sucede con la mayoría de las demás ciencias sociales, salvo la economía y la lingüística.

    Algunos autores han llegado incluso a proponer un cambio de nombre: “Esta vieja etiqueta de ciencias políticas es una herencia del pasado… No se ajusta a la realidad… Sociología política sería la verdadera denominación de la disciplina de las ciencias políticas” (Favre, 1995, pág. 157). La sociología se enfrenta a ese mismo problema de identidad: “Las subespecialidades de la disciplina se han vuelto vulnerables a ataques o incluso a la anexión por parte de disciplinas adyacentes… La organización de la sociología se enfrenta a potentes fuerzas centrífugas, a veces desintegradoras” (Halliday, 1992, pág. 3). Las fuerzas centrífugas engendran especialidades en torno a disciplinas y entre éstas.

    De las disciplinas tradicionales a la multiplicación de las especialidades

    La división de la física en física y astronomía y la de la química en orgánica e inorgánica son ejemplos clásicos de fragmentación de las ciencias. En las ciencias sociales, lo que originalmente era el estudio del derecho se divide hoy día en derecho y ciencias políticas; la antropología se escindió en antropología material y antropología cultural; lo mismo hizo la geografía; la psicología se separó en varias ramas; la economía está profundamente dividida entre econometristas y teóricos. La escisiparidad, la división, similar a la de la ameba, de una disciplina en dos, es un proceso habitual de fragmentación (Dogan y Pahre, 1990, pág. 58).

    La especialización es necesaria conforme una disciplina progresa y pasa de enfoques especulativos generales a estudios más empíricos y a la verificación de hipótesis. Ningún estudioso puede dominar toda la realidad empírica y el paso del nivel de la abstracción a lo concreto nos obliga naturalmente a limitarnos, a especializarnos. Las disciplinas se fragmentan además siguiendo imperativos epistemológicos, metodológicos, teóricos e ideológicos. Es probable que a quienes trabajan concretamente en una, las divisiones teóricas e ideológicas les parezcan más importantes que las de otra índole. Ralph Turner, con su experiencia de director de una impoortante publicación especializada, ha descrito del modo siguiente este proceso en la sociología:

    “En los años treinta y cuarenta, todavía era realista aspirar a ser un sociólogo generalista. Existía una masa lo suficientemente compartida de nociones básicas y una cantidad lo bastante reducida de investigaciones acumuladas en la mayoría de los campos de la sociología como para que un estudioso pudiese efectuar aportaciones de importancia a varios de ellos y expresarse con autoridad sobre la disciplina en general. Es difícil imaginar el genio que hoy día sería menester poseer para hacer otro tanto” (Turner, 1990, pág. 34).Diversos autores han subrayado la importancia que para una fragmentación como las que describimos tiene el aumento del patrimonio propio de las disciplinas; éstas, conforme acumulan saber, se fragmentan; la mayoría de las partes resultantes pasan a ser patrimonio de subcampos determinados y unas pocas, las clásicas, se transmiten en la hagiografía de varias disciplinas académicas.

    Según Randall Collins, cabe explicar la creciente especialización de la sociología por el crecimiento escalar del número de personas que la cultivan en los últimos decenios:

    “¿Cómo darse a conocer ante el gigantesco aumento del número de competidores?… La materia de estudio se divide en varias especialidades… En vez de buscar reconocimiento en el terreno más general, se opta por un campo más reducido, en el que poder desplegar nuestras ideas y buscar aliados” (Collins, 1986, pág. 1340).Esta explicación es aplicable a la mayoría de las ciencias sociales. Por encima de las fronteras entre disciplinas se observa un proceso de “diferenciación sin integración”: los especialistas “rara vez conocen los nombres de los estudiosos eminentes si cultivan especialidades distintas de las suyas” (Collins, Ibíd).

    Harriet Zuckerman ha resaltado en estos términos la importancia de las especialidades en la organización de las comunidades científicas:

    “Abundan las pruebas de carácter histórico y sociológico de que las especialidades han sido públicos selectos de muchos cientificos: son los públicos explícitos y tácitos -los grupos de referencia- a los que dirigen su obra, del mismo modo que son las fuentes primordiales de obtener medios para esa obra y recompensas por ella” (Zuckerman, 1988, pág. 539).Como sucede en algunas catedrales, en las capillas se celebran más ceremonias que en la nave mayor.

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